Ayer era relativamente desagradable ver la televisión, debido a que en casi todos los medios hablaban del nacimiento de la hija de los Príncipes de Asturias. Esto no tendría que ser de por sí desagradable, si no fuese por la cantidad de estupideces que van acompañando a este tipo de acontecimientos. Por suerte estuve tirando de pelis y series, para terminar la jornada con un buen sabor de boca gracias a la entretenida Habitación Perdida.
Y es que no se puede sacar de lo que no hay. Desde luego es noticia que los Príncipes han tenido un hijo. Pero no lo es que tal o cual persona ha entrado en el hospital, ha salido de él, o no ha podido ir porque le ha pillado de gira por Asia. Y así, las cadenas de televisión llenan sus parrillas con programas especiales con conexiones a la puerta del hospital donde se alojan madre e hija para darnos la espectacular noticia de que ha llegado un coche de alguien importante, y rellenan el espacio entre conexión y conexión con refritos especiales contándonos por milésima vez las peripecias de la hermana de la recién nacida, de sus padres, sus abuelos, y el origen primitivo de su futuro nombre.
Desde luego, esto no tiene nada que ver con una labor informativa seria, sino con los índices de audiencia. Cuando hablamos de cadenas privadas están en su derecho, pero que no nos vendan la moto del periodismo serio blablablá de cobertura de noticia blablablá cuando hablamos, simple y llanamente de cotilleos innecesarios.