El mal llamado periodismo que se ocupa de retratar las indignidades de famosos -sea por méritos propios o por haber formado parte en algún escándalo-, ha sufrido un doloroso varapalo que, por no ser el primero ni el último, nos hace pensar que no servirá de escarmiento para los rentables programas del corazón.
Y es que la inefable Aída Nizar ha sido condenada a pagar a Vicky Martín Berrocal 120.000 euros en concepto de indemnización por vulnerar su honor al hablar acerca de sus relaciones personales. Las multas por este tipo de actividades deberían ser mucho más copiosas, para que cada una de ellas sentase un precedente definitivo sobre las consecuencias que puede traer el hablar acerca de la intimidad de otras personas.
Especialmente interesante resulta el texto de la sentencia, en la que se hace explícita una clara definición de lo que significa que algo sea de interés público, definición en la que no entra, por supuesto, quién se acuesta con quién, excepto si ello afecta a la vida del colectivo de ciudadanos.
La actividad de la prensa rosa ha estado escudándose demasiado tiempo en el interés público para justificar sus intromisiones en la intimidad de las personas afectadas. Una actitud que, unida al interés desmedido del público por los chismorreos -muchas veces sin base sólida-, generan un tipo de televisión inmoral y terriblemente molesto.
Enlace: Indemnización a Vicky Martín Berrocal de 120.000 euros