
Parece que a veces el verano, que representa a nivel económico la temporada baja en el mundo televisivo nos puede abrir las puertas a productos interesantes. Pese a que el calor también es un efecto propicio para programas estúpidos tipo Grand Prix o Hasta que la tele nos separe, la falta de espectadores en estos meses parece que da mayor libertad -en algunos casos- para emitir productos de calidad pero que en España no son demasiado populares.
Bajo estas temperaturas se pudo ver -a trompicones- la primera reposición de A dos metros bajo tierra-, y más de un ciclo de cine interesante e imposible en temporada alta, como sucedió hace un par de años con las películas de James Bond en Antena 3. Así que en estas latitudes Antena 3 se dispone esta vez a emitir, si las revelaciones mesiánicas de los programadores no lo impiden en el último momento, dos series de calidad.
Una de ellas es 24, que comienza su sexta temporada en territorio español. La cadena mantiene una curiosa relación de amor-odio con esta serie. Seguro que a los ejecutivos de la cadena les irrita que un producto que triunfa en otros países aquí coseche discretos resultados. No lo conciben, así que al principio de cada temporada hacen una supermegachuipipromoción metiéndonos los anuncios por todas partes y a todas horas. Sin embargo, tras ver que la cosa no cuaja -al emitir dos capítulos y no conseguir un 30 % de share se cabrean y comienzan sistemáticamente a cambiarla de hora, a emitir tres capítulos seguidos, con unas sesiones que terminan a altas horas de la madrugada, y si hay huelga emitirán hasta cuatro de una tacada. Esta es la última oportunidad que le doy a la cadena para ser decentes. Si me vuelven a maltratar a Bauer y el no se da por enterados tendré que recurrir a otras formas de verla.
La otra serie es Boston Legal, poco conocida por estos lares pero muy valorada al otro lado del charco. Aún no la he visto, pero intentaré que las pausas eternas no sean un lastre para ver un poco de televisión al modo tradicional.