Por fin un episodio realmente trepidante en esta serie, que a ratos resulta sumamente aburrida. Un primer episodio pesado y sin demasiado interés, en el que se conocen más datos sobre la antigua novia de Jake Green y aparece su padre, un ladrón que parece amenazar la tensa calma del pueblo. Un bribón de medio pelo, que trapichea con mercancías de dudoso origen, parecía hasta ahora la mayor amenaza concreta.
Sin embargo el segundo episodio de ayer, en el que Jake y su hermano tienen que salir por piernas al hospital de una población cercana para salvar la vida de su padre enfermo, pone sobre la mesa una nueva amenaza: un grupo de mercenarios desesperados que seguro darán mucho que hablar en los próximos capítulos. El asalto al hospital por parte de esos soldados, la desolación de las tierras alrededor de Jericho y un nuevo personaje dieron lugar a un episodio bastante entretenido.
Mientras, y en lo que a la trama general se refiere, la coartada de Hawkins se ve amenazada, aunque el problema es resuelto con ayuda de su hija y de la torpeza de la autoridad local. Gray Anderson se las apaña para regresar tras una larga ausencia en la que se descubre que aún existe un poder militar, aunque débil, que Washington ha sido arrasado, Nueva York continúa intacta y hay muchos bandidos peligrosos por las carreteras de los alrededores.
Si algo ha tenido de bueno este par de episodios es que el rollo fascista y la defensa a ultranza de la comunidad y los valores tradicionales se han pasado un poco por alto. Sin embargo, me temo que no tardarán demasiado en volver. Si el alcalde se acaba recuperando tendremos sermones para rato.