Si hay una serie que me ha sorprendido agradablemente en los últimos meses es Dexter. Pese a que el argumento original me parecía una chorrada -un asesino en serie que ejercía también como forense para la policía de Miami-, pronto el boca a boca me llevó a darle una oportunidad.
Y fue, realmente, una grata recomendación. Uno de los mejores productos de los últimos años. Pese a las tonterías que pueda decir desde su papel de todóloga Rosa Montero, la serie es uno de los mejores hallazgos dramáticos en mucho tiempo, por no hablar de un thriller emocional de alto voltaje.
Llevo unos pocos capítulos de la segunda temporada, y son de auténtico infarto. Realmente creo que hay actualmente pocos actores de la talla de Michael C. Hall, que ya me impresionó en A dos metros bajo tierra. A quienes estén todavía con la primera les diré, aunque no lo crean, que la segunda es aún mejor.
Y a los que siguen el ritmo de la Fox les alegrará saber que la pausa entre temporadas será mínima: el próximo 11 de febrero la franquicia en su versión española emitirá el primer capítulo de la segunda temporada. Todo quedó resuelto en la primera entrega. Nada de cliffhangers efectistas. Nada de eso es necesario para mantener a los espectadores enganchados a esta cosa. Y es que el principal misterio de todo esto es el propio Dexter, su vida y su curiosa moral -¿que no falta de ella-.