Parece que a House le ha llegado el éxito total en España justo cuando menos se lo merece. Y es que en las últimas semanas se codea con los grandes triunfadores de la noche de los martes, pese a que los cuatro episodios emitidos de la cuarta temporada son de lo peorcito que se ha visto en la serie.
No he perdido mi pasión por la serie, me sigue pareciendo interesante, pero la verdad es que temo porque el buen doctor acabe siendo una parodia de sí mismo. En lo poco que llevamos de temporada ya hemos visto dos momentos que son para echarse las manos a la cabeza: la electrocución experimental y una exhumación ilegal como si nada.
Y no es que no estemos acostumbrados a actividades peligrosas en la serie; es que ambos fenómenos fueron completamente gratuitos: ese tipo de acciones sólo se producían antes cuando la investigación médica llegaba a un callejón sin salida. Da la sensación de que pretenden gustar a la gente convirtiendo al personaje en un ser absolutamente irracional y, donde además de caprichoso empieza a parecer como estúpido. Y es que House siempre actuaba racionalmente, aunque sin preocuparse por la ley o la moral. Parafraseando a Holmes, su alter ego, cuando lo imposible ha quedado descartado, la solución más disparatada es la que se ha de emplear.
Esto no quita para que el estrafalario proceso de selección de empleados no de lugar a momentos desternillantes, y desde luego la relación con algunos de los aprendices es muy interesante.