Una de las peores cosas que trajo el segundo volumen de Héroes fue la falta de interés de sus nuevos personajes: poderes absurdos, malísimas interpretaciones y, para uno que les salía bien, el inmortal interpretado por David Anders, lo sitúan en un contexto tan soso y absurdo que de poco sirve. Tan poco me interesa que pese a tener en mi poder todos los capítulos emitidos apenas he tenido ganas de ver unos tres o cuatro.
Intrigas adolescentes, decisiones absurdas y motivaciones nada claras se unen, en un máximo desastre, al más puro aburrimiento. No nos engañemos, la primera temporada, una vez superado el enigma inicial, tampoco era para tirar cohetes, aunque tenía buenos momentos de los que carece la temporada actual.
Y ahora, en un vano intento de captar nuestra atención, nos salen con una ¿nueva? incorporación, un villano que tiene el novedoso poder de la ¡¡¡supervelocidad!!! y que supuestamente será la caña porque es malo malísimo. Yo, que aún no he conseguido entender a Sylar ni los propósitos de la compañía, me quedo frío ante un nuevo ingrediente de mal por el hecho del mal. Para los comics puede valer que alguien se dedique a las fechorías porque sí, pero en un mundo de series del calibre dramático como son Lost o especialmente Dexter, como que la cosa no pasa de entretenimiento para chavales y, hasta ahora, para pasar el rato.