Fin del tomate (II): ¿Un programa original?
Pese a que todo el mundo parecía odiar Aquí hay Tomate en la prensa e Internet, tras el aviso de su cancelación han surgido voces amigas que, entre otras cosas, señalan su impecable factura técnica y su originalidad, ignorando que lo que le hizo famoso fue, simple y llanamente, su interés por hacer montañas de un mínimo gesto y extraer siempre la peor interpretación posible del más mínimo gesto. Además de ser chabacano y malintencionado.
Pero es que además los piropos dedicados ni tan siquiera hacen honor a la verdad; en los últimos tiempos no he visto el programa en demasiadas ocasiones, pero los errores son constantes, incluso para ser un programa en directo. Hoy por ejemplo era un auténtico desbarajuste entre las cámaras, los invitados y los movimientos de los presentadores. Poner una cámara al revés no es un ejercicio de originalidad, sino un simple deseo de llamar más la atención.
Pero precisamente lo novedoso del programa, el uso de cortinillas infames y una forma de tratar las noticias generando suspense a tope fracasaba estrepitosamente: llegó un momento en el que dichas cortinillas ocupaban más de un tercio del programa, y encima llegaban a repetir la misma en cuatro o cinco ocasiones a lo largo de la misma emisión. Resultado: aburrimiento e irritación en lugar del pretendido suspense.
Algunas de esas cortinillas eran divertidas, otras sumamente originales; pero la inmensa mayoría eran realmente ofensivas. La palma se la lleva aquella en la que afirmaban que Ortega Cano estaba “más cerca de Rocío”, en clara alusión al declive del torero.
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