¿Habría obtenido beneficios también si el Estado Español no le hubiese pagado un dinero por servicio público que no ejerce prácticamente nunca? Probablemente no. La reestructuración de la plantilla y apostar por la producción propia son también causas -y más interesantes- de la nueva situación del ente. Competencia injusta y promesas incumplidas han llevado curiosamente a este resultado.
Sin embargo, cabe seguir insistiendo machaconamente en que una televisión pública que se comporta como una privada, que apenas si consta con algún programa de servicio público, que no tiene apenas media docena de programas decentes, no merece ni existir. Sus últimos estrenos, aunque han ofrecido buenos resultados de audiencia no tienen la más mínima calidad, siendo además profundamente “rancios”, faltos de innovación y destinados a una fracción de la población que no anda precisamente en sus mejores años. Que haya sustituido el humor de Arturo Fernández por culebrones disfrazados de superproducción poco soluciona el asunto.
Enlace: RTVE cierra 2007 con un resultado positivo de 18,4 millones de euros antes de impuestos