El País digital publicó hace unos días imágenes del accidente del avión de Barajas, para posteriormente ser emitidas por todos los medios informativos en televisión. Al margen de todo el culebrón con jueces, Spanair, etc., sobre las filtraciones, la cuestión está en reflexionar sobre la cantidad de veces que se han emitido dichas imágenes en los telediarios españoles y por qué.
Las imágenes son capaces en muchos casos de, por su violencia, impactar al espectador. En algunas ocasiones, ese impacto sirve de ejemplo para ser más consciente de las consecuencias de determinados actos. En esto se basan algunas campañas de la DGT o de Amnistía Internacional.
También podemos comprender que las imágenes conseguidas en el accidente sean importantes, que haya gente que quiera verlas. Pero lo que es más difícil de entender es que muchos informativos hayan emitido esas imágenes dedicando generosos minutos a las mismas sin añadir ningún tipo de información. Y es que en algunos casos llegaron a emitirse de forma consecutiva más de diez veces, mientras se reproducía también el audio de una conversación de personal del aeropuerto en el momento de la catástrofe.
¿Qué añade esa repetición infinita? ¿Qué aprendemos sobre la actualidad viendo la explosión? En los medios escritos se ha reflexionado sobre sus imágenes, incluso sobre la razón por la que estas se han filtrado. En cambio, en los telediarios de las cadenas españolas, se trataba simplemente de dar espectáculo. Exactamente igual que cuando los periodistas acosaban a los familiares de las víctimas en busca de un lamento o una lágrima. Estamos viviendo así uno de los momentos más vergonzosos de los informativos televisivos.