
Hace mucho tiempo que no encuentro un programa de televisión que me guste, en cuanto salimos de la ficción. Sin embargo, Pekín Express me hizo recordar los buenos tiempos de la televisión -hasta cierto punto-; sin darme cuenta lo vi entero -se me pasó volando-, y lo disfruté mucho.
Como concurso deja un poco que desear por su falta de inmediatez: no se emite en directo, Paula Vázquez está, como siempre, demasiado rígida y peliculera -aunque resulta simpática-, y una posproducción excesiva a veces da la impresión de que las situaciones no son todo lo improvisadas que deberían ser. La imagen de la presentadora oteando al horizonte, repetida en varias ocasiones, daba risa. Aún así el ritmo es muy bueno, y las aventuras vividas por los concursantes nos dieron una curiosa muestra de la vida anónima en Rusia.
Los concursantes durmieron al raso, se acomodaron como pudieron gracias a la hospitalidad de algunos y viajaron con desconocidos para lograr el objetivo del día: llegar a Moscú los primeros, sin apenas recursos. Por otra parte, el casting está medido al milímetro: parejas que se llevan mal, otras divertidas, de todas las edades y clases. Algo necesario para que los espectadores encuentren a sus favoritos y sufran y se diviertan con ellos.
Un buen modo de pasar una tarde de domingo ,teniendo en cuenta la debilidad de la televisión ese día de la semana en el prime time.
¿No se parece muchisimo a EL Gran Reto (visto en Set en Veo, The Amazing Race)?