
Poco importó que se pretendiese darle un cierto aire novedoso a este programa hecho para mandar SMS. La gala del disco del año nos dio todo lo que nos prometía: un espacio promocional en el que hubo playback a tutiplén, mucha recomendación para que los espectadores llenasen las arcas del ente público y poco más.
Lo que sí hubo fue un montaje bastante chapucero. Hemos de suponer que las llamadas que se recibían eran en tiempo real, en directo, pero en un par de ocasiones Anne Igartiburu parecía tener el don de trasladarse de un lugar a otro del plató y de hacer desaparecer a los artistas en un visto y no visto, por lo que contamos con que algunas partes de la gala estaban grabadas.
Finalmente uno sabe que el ganador tendrá un suculento regalo en forma de más discos vendidos, y poco más importa. Eso sí, cabe preguntarse cómo se sabía quién sería el ganador. ¿Se grabaron todas las actuaciones y luego se puso la del ganador? Porque no hay quien se crea que todos estuviesen al quite esperando a ver quién cantaba al final. ¿Y si hubiese cantado ya antes? Sobre todo esto reflexiona Javi en la entrada sobre el tema en Cuchara Sónica.