
Ojo. Spoilers sobre la primera temporada de Fringe. Si no estás al día con los capítulos, no sigas leyendo.
Triunfal regreso de la última aventura de J. J. Abrams tras dejar Lost en otras manos. Ambos episodios son muy diferentes en concepto y en resolución. El primero no es más que la continuación del cliffhanger en el que quedó la serie antes de su descanso navideño. Unos cuantos minutos sin pausa que principalmente sirven para descubrir al traidor en el FBI y, sobre todo, presentan a dos nuevos personajes que no me acaban de convencer: por una parte tenemos a un burócrata dispuesto a poner todas las trabas posibles a Olivia Dunham y sus compañeros, y por otra tenemos a la hermana de Olivia y su hija. Ambos personajes representan roles habituales, mil veces vistos en películas y otras series: el moscón molesto que trata de frustrar y boicotea los logros heroicos del protagonista, y la figura frágil que éste ha de proteger.
Sin embargo, tal fallo queda eclipsado por el interés que muestran los personajes habituales: Walter y Peter constituyen una pareja perfecta, debatiéndose entre lo cómico y lo dramático. El mad doctor es una figura curiosa, quizás demasiado tierna, pero equilibrada con sus instintos sádicos o su incapacidad intermitente de mostrar la más mínima empatía. Y que decir de Dunham, síntesis perfecta entre Mulder y Scully, fría y tierna a un tiempo, masculina y femenina, racional e impulsiva…
El segunda episodio de esta tanda es de carácter individual. No vemos nada acerca del patrón y las conspiraciones argumentales. Tan sólo un episodio al estilo Expediente X que juega de nuevo con la mezcla de géneros: thriller, comedia, drama, ciencia ficción. Muy entretenido pero a la vez un poco decepcionante. Acostumbrados progresivamente en Lost a la desaparición casi total de argumentos cerrados en los episodios, este oasis nos deja un poco con ganas de más. No es el primero ni será el último de este tipo, pero ha sido el que más ha dolido. Y eso que salían manos de pantalllas de ordenadores.
La cuestión fundamental es la suspensión del escepticismo. Fringe consigue que nos olvidemos por un rato de que somos amantes de la ciencia, que no creemos en todas esas conspiraciones y zarandajas, para convertirnos por unos minutos en conspiranoicos y en gente que se pirra por la ciencia paranormal.