
Resulta curioso que precisamente lo que nos han vendido como la mayor gracia del programa de Antena 3 -el directo-, haya acabado siendo uno de los factores que convierten el programa en algo anodino y poco interesante. Primero porque es tramposo -no todo se emite en directo-, y segundo porque hace que todo quede feo y cutre cuando no se hace perfecto -lo cual es casi imposible en este tipo de programas-. Frases que no deberían oírse y se oyen, conexiones lentas que llevan a que unos hablen por encima de otros… Casi un desastre.
Además, el casting deja mucho que desear, pese a que han intentado miserablemente imitar a Pekín Express con los estereotipos; las pruebas son un rollo y dan protagonismo al peor aspecto del programa al que imitan: el reality. Nada de aventura, nada de conocer las costumbres y los usos de los países que se visitan. Tan sólo un concurso en el que se verán muchas lágrimas. Cuando tratas de reventar el formato de la competencia, sólo puedes hacerlo de dos formas: imitándolo descaradamente o mejorándolo. No es el caso, y al final lo que tenemos es un producto que no va a ninguna parte.