
Son cosas que pasan cuando haces malos programas –y a veces cuando son buenos-, tan malos que ni el que sólo busca un rato descerebrado ante la pequeña pantalla puede aguantarlos. Por ello han sucedido dos cosas: Guerra de sesos es extraoficialmente cancelado y La tribu pasa al late night de los martes. El concurso más estúpido de la televisión no sobrevive pese a múltiples intentos de reubicación en la parrilla y, tras quitarle espectadores a Aída el domingo pasado, queda desaparecido en combate.
Por otra parte La tribu lleva camino de convertirse, o en un remedo de Crónicas marcianas –como señalan en La tele que me parió, o desaparecer también. Pobre Sardá. Mejor que siga con su Dutifrí y alguna otra idea novedosa, en lugar de hacer lo mismo de siempre con diferente intensidad. Pobre, también, Telecinco, que sigue sin enterarse de qué va la cosa.