
La NBC ha presentado su Upfront, con la programación de la próxima temporada alta, y entre otras cosillas desagradables, me llaman poderosamente la atención dos cosas. En primer lugar la cancelación de Me llamo Earl tras su cuarta temporada. Sólo he visto las dos primeras, y me parecen realmente geniales. No sé si la calidad disminuyó a partir de ahí, pero parece que en EE.UU. las audiencias no son para tirar cohetes. Una pena por Earl Hickey y sus amiguetes.
La segunda cosa hace aún más sangrante la primera: la supervivencia de Héroes que además de no contar tampoco con cifras para tirar cohetes, supuso la mayor decepción televisiva después de Prison Break en lo que a calidad se refiere. Su tercera temporada ha sido de risa: mal hecha, disparatada, absurda, confusa, improvisada… y muchas cosas más. Y ahí está, pidiendo de nuevo una oportunidad como ya hizo tras una también desastrosa segunda temporada. Vaya desastre.
No está cancelada. No la han renovado, que es distinto; pero dejan la puerta abierta para otra cadena recoja el testigo y la continue. Ha pasado lo mismo con Medium, y ya tiene cadena para la próxima temporada. Esperemos que con Earl pase lo mismo.
A primera vista parece que tu distinción tiene sentido, pero dándole vueltas en el fondo no existe ninguna diferencia. ¿Qué es necesario que suceda para que una serie sea cancelada? ¿Qué se quemen sus platós, se destierre a sus actores y se emita una orden judicial para que no pueda retomarse de nuevo? Creo que en realidad la diferencia es “moral”: no es lo mismo una serie penosa, de mala calidad y que se va al poco de su estreno -cancelada-, que una serie magnífica que acaba su ciclo de vida útil -no renovada-.