
Por fin terminó la primera temporada de Dollhouse, y aún no sabemos si tendremos una segunda. Los datos no son buenos, y de momento ya hay un capítulo 13 desaparecido en combate, y que sólo estará en la red o en los extras de la versión DVD.
La cosa es peliaguda, y de momento los problemas para comprender el alcance de este serie son similares a los de comprender la dimensión de Perdidos en la historia de la televisión. ¿Realmente alguien cree que los números que arrojan los estudios de audiencias son relevantes aún para saber cuanta gente ve la serie cada semana? Basta con ver las fuentes de un torrent de la serie para saber cuál es la respuesta. Pero no es en absoluto irrelevante el hecho de que los que aparecen en las estadísticas son los que pueden haber visto la publicidad, mientras que no sucede con aquellos que descargan la serie. Todo un desafío para los creadores y geniecillos de la televisión.
Por otra parte, hablamos de una serie con más fallos que aciertos, y que desde mi punto de vista no merece la expectación creada. Sus únicos aciertos son una trama general descabellada y que originalmente podía dar mucho juego, algún arco argumental mínimamente decente, un par de personajes interesantes, y la reflexión acerca del libre albedrío: ¿puede alguien decidir libremente no poder decidir libremente? Sus defectos: todo lo demás, pero teniendo como base uno fundamental: el profundo infantilismo de Joss Whedon. Y es que, tanto detractores -entre los que me incluyo- como fanáticos de este creador estarán de acuerdo, en que es un peliculero.
No nos engañemos, las tramas de muchas de nuestras series favoritas son absolutamente increíbles, pero están hechas con tal maestría que nos permiten suspender el juicio, sumergirnos en la trama y creernos por un rato que existen los viajes en el tiempo o la combustión espontánea. Pero en las cosas de Whedon esto no sucede. No cuela. Nunca. Y esto a veces queda bien, como en Buffy, y la mayoría de las veces no; especialmente en Dollhouse, que se supone es un trabajo más “serio”. Su actriz protagonista es la quintaesencia del peliculerismo. Nos costaba trabajo creernos a Jennifer Garner pegando patadas aquí y allá, pero lo conseguíamos. Con Echo la cosa no cuela. No sólo no cuela, sino que da la risa. Si a eso le añadimos que más o menos la mitad de los capítulos que hemos podido ver han sido un auténtico disparate a la par que aburridos, tenemos un cóctel perfecto para no echar de menos la casa de muñecas en caso de que falte la próxima temporada. Claro que siempre habrá alguien que se movilice para salvarla. Y supongo que con esto ya empiezan a contar las cadenas de televisión.
Tienes razón en todo, no creo que Dollhouse no vaya a renovar por una cuestion única de audiencia o de que la serie sea una “paja mental” (perdón) cuando tal vez sea una de las series más interesantes de la temporada, lo que pasa es que desde el principio Fox vó que es una serie “menor” en el sentido que no es un House o un Bones ya que es una ficción que debe verse desde el principio sino poco a poco es de esperar que se vaya perdiendo espectadores. Para mi es una pena que no acabe renovando como se rumorea, y más cuando hablamos de la cadena que ha “soportado” a Prison Break durante cuatro temporadas, las cuaáles podrían haber prescindido de la dos últimas.
Un saludo!