
Tanto hemos tenido que esperar que cuando hemos podido verlo no nos parecía verdad. Tras medio año de sequía sin Doctor —que se nos ha hecho muy largo— ayer la BBC emitió The Waters of Mars, la penúltima historia con David Tennant a bordo. Nos habían prometido que daría miedo, y da miedo. Pero si hay algo que se puede resaltar de este episodio es que, cuando Russell T. Davies dijo que Planet of the Dead, el episodio anterior, era la última vez que el Doctor se lo iba a pasar bien estaba hablando muy, pero que muy en serio.
A partir de aquí hay SPOILERS de Doctor Who: The Waters of Mars. No digáis que no os habíamos avisado.
Lo primero que podemos decir es que no ha defraudado ni lo más mínimo. Los valores de producción son excelsos, casi podríamos decir que mejores que nunca. La historia es terrorífica —tan terrorífica como puede ser en un episodio de Doctor Who, que nadie se espere SAW VII— y lo suficientemente interesante como para tenernos pegados a la butaca durante cada uno de los sesenta y dos minutos que dura. No se anda con rodeos y entra en materia enseguida, y es que al fin y al cabo es un episodio de una serie, no una película.

El Doctor se encuentra de pronto y —suponemos— por casualidad en la primera base humana en Marte de la historia, con tan mala fortuna que se materializa allí el mismo día exacto en que dicha base se supone que será destruida, junto con todos sus habitantes, por un accidente desconocido. Cuando entra en la base, que en un guiño a la canción Life on Mars de David Bowie se llama Base Bowie Uno, descubre que ese accidente desconocido no es ni más ni menos que un virus marciano que convierte a los portadores en monstruos que escupen agua a presión. No suena muy terrible, pero el contacto con una sola gota de agua puede contagiar a cualquiera. Y el virus, que es inteligente y el Doctor bautiza como la Inundación (the Flood), lo único en lo que puede pensar es en llegar a la Tierra, un planeta tan lleno de agua.
El problema es que el Doctor no puede ayudar. Como ya sabemos gracias a las intervenciones de Donna en Pompeya, hay puntos del tiempo que son fijos, inmutables, que no se deben modificar, mientras que otros están en flujo y sí permiten que el Doctor intervenga. Y este es uno de los puntos fijos. Como le dice el propio Doctor a Adelaide, no le puede ayudar porque ella debe morir allí.

Pero el Doctor se ha encariñado con Adelaide, y decide que si él es el último Señor del Tiempo, las leyes del tiempo tendrán que obedecerle, y vuelve para rescatar a Adelaide y los dos miembros supervivientes de su tripulación. El momento en el que el Doctor decide que puede hacer lo que quiera sin importarle las consecuencias da bastante miedo, porque por primera vez tenemos un atisbo de lo que sería un Doctor malvado. Y para daros una pista, el Maestro a su lado daría tanto miedo como un muñeco de peluche.
Pero Adelaide sabe que ella debía morir, y se ocupa de que así ocurra. No obstante, la historia ya ha sido cambiada, y cuando el Doctor ve a Ood Σ materializarse en medio de la calle comprende que ha ido demasiado lejos. Entra corriendo en la Tardis y oye la Campana del Claustro, el sonido que hace la Tardis cuando el peligro es inminente y terrible. Y luego… No sabemos lo que pasa. Porque eso ya pasará en el siguiente especial, para el que afortunadamente sólo falta algo más de un mes.
Gracias a Dios, habemus trailer:
Tremendo este especial, no debería haberlo visto hasta que sacasen el de navidad.
Toca esperar :S
Buenísimo! Quiero más!!!!
Notable episodio. Ver al Doctor convertido en un verdadero sicopata de verdad da miedo.