
Después del fenomenal episodio The Suitcase en el que se fuimos testigos del hundimiento de Don, nos encontramos que Draper finalmente ha reaccionado y está intentando cambiar, pero el camino que tiene ante sí no es nada fácil. Está en muy baja forma pero sólo necesita marcarse a sí mismo ciertos límites, y cumplirlos a rajatabla.

Para empezar decide escribir sus pensamientos en una libreta como si de una jovencita se tratase para poner un poco de orden a su cabeza. Es curioso que decida escribir a mano porque a máquina le parece trabajo y, a riesgo de parecer demodé, estoy totalmente de acuerdo con Don. Más allá de la consabida lista de cosas que le gustaría hacer antes de morir con ítems como escalar el Kilimanjaro o ir a cualquier parte de África, lo más importante es que es consciente de que debe encontrar el modo de controlar cómo se siente y reinventarse (otra vez).
Lo del alcohol por ahora lo lleva sorprendentemente bien, teniendo en cuenta que en la agencia todas las reuniones se riegan con alguna bebida espirituosa, sustituyéndolo por la natación, el café o (para desgracia para Ray Charles la señora Blankenship) los cigarrillos. Por cierto, al principio del episodio escuchamos una radio en la que suena Satisfaction de The Rolling Stones y, a parte de la rápida asociación con el permanente estado de insatisfacción de Don ¿no os chocó? La verdad es que me costó reaccionar porque pensé que era anacronismo pero resulta que esa canción pertenece al álbum Out of Our Heads que se publicó en verano de 1965.
Pero volviendo al episodio, esta semana las mujeres han sido las protagonistas. Joan desde que está en la nueva oficina ha tenido que estar más pendiente de las niñerías de los creativos que de las secretarias. En más de una ocasión hemos visto como les tenía que llamar la atención por hacer demasiado jaleo o por dejarlo todo manga por hombro, así que para ellos no es más que una madre que estropea la diversión.
Pero todo tiene un límite y Joey lo rebasa con creces con un comentario que no tiene calificativo y que en condiciones normales le abría costado el puesto, pero la discreta Joan, en lugar de montar un escándalo decide elevar su queja a Don y que él decida. El problema es que Joey cree que ha salido impune de todo y hace un dibujo obsceno que acaba convirtiéndose es la gota que colma el vaso. Finalmente consigue sacar de sus casillas a Joan que le suelta uno de los comentarios más hirientes que he escuchado: “I can’t wait until next year when all of you are in Vietnam…Remember, you’re not dying for me, because I never liked you” Y es que la pobre Joan ya tiene suficiente con lo que tiene en casa.
Cuando parecía que todo estaba solucionado, Peggy, que también se siente ofendida por el dibujo, va a quejarse a Don pero éste le dice que sea ella la que coja la iniciativa y despida a Joey porque si lo hace él pensarán que es su marioneta. Finalmente Peggy intenta poner un poco de paz obligándole a disculparse pero la arrogancia de Joey le lleva a despedirle. Al encontrase con Joan, Peggy espera que le dé las gracias pero más bien se encuentra con todo lo contrario. Para Joan el gesto de Peggy solo hace que confirmar lo que piensan de ellas los hombres, que la una es una secretaria insignificante y la otra una bruja sin sentido del humor. Y es que Joan es de las que opina que se matan más moscas con miel que con hiel.
Y eso me lleva a otra de las mujeres de la agencia, Faye, con la que Don tiene por fin su primer acercamiento real. Ya sabéis que desde el principio he opinado que tenía que dejarse de tantas dulces Bethanys y que debía concentrarse en conquistar a la doctora. Y con tan sólo una cena consigue convencer a Don de que luche por lo que quiere, que en este caso es ir al cumpleaños del pobre Gene (según sus palabras concebido en un momento de desesperación y nació en medio del desastre) y por ende, recuperar su status de padre.

Y con esto finalmente llegamos a la última de las mujeres, Betty, a la que la simple visión de Don pone de los nervios porque, en el fondo, no es capaz de sacárselo de la cabeza. Lo tiene todo pero sigue insatisfecha porque como escribe Don en su libreta we’re ruined because we get these things, and wish for what we had, y esto es aplicable a muchos de los personajes de la serie, permanentemente insatisfechos y nostálgicos de lo que tenían.
Todavía está por ver si Don consigue lo que quiere con amabilidad siguiendo el consejo de Faye pero, si yo fuera el Henry Francis estaría muy preocupado porque Don Draper vuelve a competir.
Lo estaba esperando, excelente como siempre, GRACIAS Célia!!!