
El inicio de la temporada final de Friday Night Lights ha estado lleno de despedidas pero también de llegadas de nuevos personajes que nos harán más llevadera la despedida definitiva de nuestros héroes de Dillon. El tema principal del episodio de esta semana está relacionado, como indica el título, con las expectativas de futuro tanto de los personajes como las nuestras como espectadores, pero vayamos paso a paso.

Los Taylor van a tener que adaptarse a los cambios que se avecinan, empezando por la marcha de Julie a la universidad y acabando por el nuevo puesto de Tami en el East Dillon. Julie ya se ha hecho mayor y debe labrarse su propio camino fuera del nido pero eso no hace menos dolorosa su partida para sus padres. Desde luego, a partir de ahora sus comidas serán mucho más aburridas pero por suerte (o por desgracia) tanto Eric como Tami van a estar muy ocupados.
Tami acaba de empezar a trabajar en el East Dillon pero ya tiene claro que no va ser un camino de rosas. En cierto sentido, Tami está recibiendo el mismo trato que recibió su marido al llegar, es decir, es una intrusa (mal)acostumbrada a un instituto que tenía recursos suficientes como para malgastarlos en fútbol, o como en su caso, en una consejera estudiantil. Pero a Tami le encantan las causas perdidas (como Tyra) y estoy segura de que conseguirá su objetivo tarde o temprano, que a persistente no la gana nadie.
El entrenador, por su parte, tiene otros problemas, éste año ya nadie se conformará con que los Lions ganen a los Panthers así que deberá reforzar el equipo como sea. Y el primer refuerzo será Hastings Ruckle, un nuevo alumno que está en el equipo de baloncesto pero que acabará uniéndose a los Lions. Todavía sabemos poco de él pero está claro que este personaje promete, sólo hay que echarle un vistazo a la conversación que tiene con el entrenador en la que describe al fútbol como un deporte estúpido que celebra los peores instintos de la cultura americana (agresividad, violencia) y en la que se queja del equipamiento (casco, hombreras y coquilla) que yo calificaría de poco favorecedor y aparatoso, aunque la respuesta del entrenador Taylor no se queda atrás: amas el fútbol pero todavía no lo sabes.
Pero ésta no es la única incorporación al equipo ya que Billy Riggins se une al staff técnico (¿se habrá vuelto loco el entrenador?) que está intentando cambiar de vida después de la segunda oportunidad que le concedió Tim. Y hablando de Tim, no puedo evitar comentar el evidente (y lógico) cambio de carácter del pequeño de los Riggins al que veremos salir de la cárcel dentro de tres meses.
Otro que se marcha es Laundry, que para hacer de su última noche en Dillon una noche épica, decide tocar por última vez con los Crucifictorus pero, como suele pasar, su expectativas no se cumplen. Suerte que Julie anda por allí e intenta compensarlo llevándole a un club de streeptease en el que Laundry disfruta del que parece su primer lap dance del que seguramente poco recordará.

Para el final me he dejado a los estudiantes de la pasada temporada y que nos van a seguir acompañando. Todos ellos deben aceptar los importantes cambios acaecidos en sus respectivas vidas: Becky no puede soportar vivir con su madrastra y su nueva hermana y huye a vivir a casa de los Riggins (que para eso hay que estar muy desesperada), Jess debe cuidar de sus hermanos pequeños e intentar suplir la ausencia de su padre, y Vince, en su faceta más madura, ayuda a su novia a sobrellevarlo de la mejor manera posible.
En definitiva, éste episodio ha servido para cerrar viejas tramas y para abrir las nuevas, y sobre todo, para enseñarnos que debemos disfrutar de lo poco que nos queda por ver de Friday Night Lights así como Eric disfruta de la última partida de ping-pong con Julie antes de que se vaya.
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