
Después de la vuelta a la normalidad de Jackie al inicio de la presente tercera temporada, esta semana el episodio parece estar dedicado a todos los que se sintieron decepcionados con el camino que ha emprendido. Muchos fueron los que consideraron que el final de la pasada temporada implicaba que ahora Jackie tendría que enfrentarse a las consecuencias de sus mentiras y que buscaría la redención. Pero no. Nuestra Jackie tiró por el camino del medio porque a ella nadie le dice lo que tiene que hacer.

A partir de los casos de dos de los pacientes de Jackie esta semana, parecen estar diciéndonos el por qué de decisión. Para empezar, el caso del anciano que no quiere que le reanimen pero, aún así, los paramédicos lo hacen porque siguen las normas. Lo que hace pensar a Jackie algo que se aplica a su situación actual: la gente tiene que empezar a dejar de salvar a gente que no quiere ser salvada. Ella no quiere que la salven porque considera que ha elegido libremente tomar pastillas para soportar la rutina diaria.
Por otro lado, el caso de la madre desbordada por tener que cuidar de cuatro hijos (y un marido) vuelve a sugerir una idea que ya vimos en el pasado episodio. Todos, en mayor o menor medida, somos adictos a los medicamentos y no dudamos en atiborramos de pastillas para calmar un dolor de cabeza, un resfriado, por no hablar de que muchos somos auténticos adictos a la cafeína y sin ella no somos capaces de empezar el día. La madre paciente, aunque lo entiende, no quiere ser una de las madres que toman tranquilizantes para soportar su vidas llenas de obligaciones (y de orina) y vacías de motivaciones. Es la opción más rápida y sencilla, pero simplemente no va con ella. Jackie, por contra, ha elegido ser una de esas madres, y, retomando lo dicho anteriormente, no quiere que nadie cuestione su elección.

Además, poco a poco está consiguiendo que todos la vayan perdonando, empezando por su marido y acabando por O’Hara. Tanto uno como la otra todavía se sienten decepcionados pero eso demuestra cuánto la quieren y la necesitan, y Jackie, consciente de ello, se aprovecha de la situación. Como bien dice Eddie, es una maestra de la mentira y sólo ella es capaz de convertir un engaño en una verdad. Y ahora que Kevin sabe que Eddie trabaja (es decir, trabajará) en el All Sants, ¿Le pedirá que vigile a su mujer? Y por otro lado, ¿se pasará a hacerle alguna visita y alguien (como por ejemplo Zoey) le fastidiará la tapadera?
Y hablando de Zoey, la joven enfermera le cogió el gusto a robar material de los demás departamentos del hospital pero es que dónde las dan las toman. ¿Akalitus era consciente del bestia que estaba despertando con su consejo? Seguramente no pero es comprensible porque su cabeza la tenía enfocada en conseguir que Michelle Obama visitase su hospital. Por cierto, ¿a quién se le ocurre motivar a sus empleados con donuts si la campaña de la primera dama es para luchar contra la obesidad infantil?

Por último, no sé qué pensáis pero Cooper se está ganando a pulso que Sam le vuelva a romper la nariz. ¿En serio pensaba que con una targetita customizada su relación iba a volver a la normalidad? Y encima no se le ocurre otra cosa que leer la dedicatoria en público. ¿Cuándo se darán cuenta de que la sinceridad está sobrevalorada? O, si no, que se lo digan a Jackie.