[Recap] 2×06 The Big C: The Little c

Por | 4 de agosto de 2011, 23:45

El artículo que vas a leer en TVlia puede contener información del futuro argumento de la serie. Lee bajo tu propia responsabilidad

En general, me encantan los títulos de los episodios de The Big C pero el de esta semana me parece especialmente acertado. The Little c no sólo hace referencia a los crabs, es decir, a las ladillas que Adam ha esparcido entre su familia, sino que además nos está indicando que la gran C pasa a un segundo plano después de varios episodios en los que la trama principal giraba siempre en torno al cáncer de Cathy. Después de tanto luchar por entrar en el estudio clínico del doctor Sherman, ahora toda que su cuerpo asimile el tratamiento, y para eso hay que esperar.

Mientras tanto, tenemos tiempo para entretenernos con las ladillas de Adam, que han acabado afectado a toda su familia en mayor o menor medida, y no sólo por los picores. Cathy consigue convertirse en la entrenadora del equipo de natación básicamente por pena, a pesar de que está más que cualificada para el puesto, pero rápidamente demuestra lo que nosotros ya sabíamos: que el agua es su elemento.

A diferencia de lo que le pasa con sus alumnos, como entrenadora se siente útil y, sobre todo, poderosa. Y esa sensación se basa en que ve que las chicas son muy receptivas porque confían en sus métodos de entrenamiento. Pero como suele pasar en todas las disciplinas deportivas no profesionales, el problema surge cuando los padres se inmiscuyen demasiado y presionando a sus hijos de manera que acaban provocando que odien el deporte en cuestión.

Y antes de que esto suceda, Cathy identifica el posible conflicto y lo extirpa de raíz, como si de un tumor se tratase, antes de que sea demasiado tarde echando a todos los padres de la piscina. En condiciones normales, la cosa no habría ido más allá de alguna queja a dirección, pero la casualidad hace que todo esto coincida con las malditas ladillas de Adam. La alarma sanitaria es la excusa perfecta para deshacerse de la mujer del cáncer a la que todos temen, pero con lo que no contaban era con que Cathy sacase la Brave Bitch (en referencia a la brillante camiseta que le regaló Andrea) que lleva dentro. Tal vez consiguió el trabajo por las razones equivocadas, pero piensa luchar por él con uñas y dientes de la misma manera que está luchando por su vida.

Paul, por su parte, también ha tenido que sacar su genio pero por razones muy diferentes. Las ventas no son lo suyo, y ahora mismo lo único que le interesa es mantener su trabajo para contar con un buen seguro médico para su mujer. Él ya tiene su carrera a la que espera volver en cuanto pueda y todo se normalice pero, mientras tanto y en vista de que no puede hacer mucho más, decide hacer como Cathy con Andrea y se convierte en algo así como el mentor del Myk.

Gracias a Paul, Myk acaba ascendiendo a vendedor, aunque seguramente habría que darle también las gracias también a las ladillas de Adam. Nunca sabremos qué habría pasado si Paul no hubiese ido a comer a casa pero seguramente la fuerte discusión con Adam provocó que llegase encendido al trabajo y, por consiguiente, la tomó contra el (impertinente) encargado de la tienda. Y ahora, lo que es la vida, parece que los pupilos de los Jamison se gustan y que van a empezar a salir. Veremos cómo evoluciona pero espero que esta extraña pareja nos dé momentos de gloria porque me gusta la química que tienen juntos y, sobre todo, me encanta la actitud de Andrea.

Y mientras unas relaciones empiezan, otras acaban, y acaban fatal. Desde el principio se veía venir que lo de Adam con sus desahogos no iba a acabar bien, pero lo peor es que éste todavía es incapaz de asumir sus responsabilidades. Él es el que se metió en el lío de acostarse con otras chicas/mujeres para aliviarse hasta que Mia se decidiese a dar el siguiente paso en su relación, y él fue el que decidió acostarse con una prostituta que le pegó las ladillas provocando que saliesen a la luz sus tejemanejes.

Así pues, no hay duda de que él es el principal responsable de su ruptura, pero no, él decide echarle la culpa a su madre (y a su enfermedad) de todas sus desgracias. No soy partidaria de la violencia pero Adam necesita con urgencia que le den un buen escarmiento, y como siga con la excusa del cáncer de su madre lo menos que le puede pasar es que le cierren una puerta en las narices. Sólo es cuestión de tiempo.

Por último, tenemos al pobre Sean que cada vez está más desconcertado. Las pastillas le hacen efecto, pero como le pasó con la lechuza, ya no sabe si los pensamientos que se le pasan por la cabeza son normales o fruto de su locura. Ideas como la del parto en la piscina de plástico o el pedirle a Rebecca que se case con él se le mezclan y, curiosamente, lo que más le preocupa es el segundo pensamiento ya que nunca hasta ahora se le habría pasado por la cabeza proponérselo.

Y no puedo acabar el recap sin comentar que este me parece el episodio más redondo de lo que llevamos de temporada. A parte de lo que me gusta cómo están entrelazadas las tramas, y de que tiene momentos realmente inspirados como en el que Adam le suelta la bomba a sus padres, me ha encantado ver cómo Cathy saca su lado más competitivo y bitchie, y consigue dejar de lado sus penas.