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Lunes 10 de Marzo

El disparate eurovisivo

Yo no estoy tan contento como mi compañero Álex porque haya ganado el Chiki chiki para el festival de Eurovisión. Probablemente no gane, y desde luego, eso tendrá poco que ver con la calidad de la canción. Simplemente, los votos son una cuestión política y de relaciones de amistad entre países, y poco o nada tiene que ver la calidad artística. Pero en el fondo me da absolutamente igual.

Tal fenómeno ha provocado que en los últimos años algunos países se hayan dignado a experimentar por si caía la breva. Lordi, algún rapero despistado y estrafalario y mucho plumaje han sido los protagonistas del festival además de la habitual balada rancia.

En cualquier caso, yo ya he tenido mi festival de Eurovisión. Y es que la gala del pasado sábado fue un auténtico delirio digno del friquismo televisivo más intenso. Rafaela Carrá estuvo inmensa: despistada, un tanto desorientada, diciendo lo primero que le pasaba por la cabeza, con dificultades con la lengua española y soltando indirectas continuamente. Sencillamente genial. Por no hablar de Uribarri y Rosa de España, que añadieron con sus comentarios surrealismo total. El primero por su enfado mayúsculo ante la victoria de Chikilicuatre y sus desesperados intentos por disimularlo. La segunda por insistir una y otra vez que los de La Sexta eran “buena gente”.

Especialmente divertido resultó el enfado de la gente, los abucheos al cómico y el enfado de la segunda clasificada, ese éxtasis de ventilador entre Jennifer Rush -gracias Tragatrullo-, Mónica Naranjo y diva por determinar. A esta chica debería quedarle bien claro que quizás haya sido mejor para su carrero. Y si no, a los hechos me remito. Los defensores de la canción ligera están muy alterados. Mientras, media España se dispone a partirse de risa en el festival, con algunos colegas o en familia, cómo se lleva haciendo desde hace tiempo.

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