Con la fiebre del remake que azota la televisión moderna, nos planteamos una cuestión: ¿por qué rehacer sólo aquellas series que marcaron época? ¿Por qué no reinterpretar aquellas que aunque ya tuvieron una oportunidad, la desaprovecharon? Quizá la idea no era mala y lo que estuvo mal fue la interpretación, o tal vez una generosa dosis de posmodernidad puede reanimar un concepto que en la modernidad a secas se quedaba un poco corto.