Primeras impresiones de ‘Peta-Zetas’

Tomándome generosas dosis de cafeína decidí aguantar hasta la medianoche para ver el nuevo programa de José Corbacho en Antena 3, destinado a triunfar en un ejercicio de nostalgia. Desde que conocí la temática del programa pensé que la cosa daba para un sólo programa, no para algo periódico. Pero me equivoqué; la cosa no da ni para un programa. Aburrido y desesperado me fui a la cama sin terminar de verlo.

La cosa empezó bien. Corbacho es un excelente showman e hizo una simpática introducción avisándonos como iba a ser la cosa. Complicidad con el público, vestuario impresionante y gracias a costa de momentos memorables de la cultura de masas de la década de los ochenta.

Los problemas empezaron cuando me dí cuenta de que la gran mayoría de imágenes con las que pretendían sorprendernos ya las había visto previamente en Internet, vía Youtube, blog o email mediante. Apenas me sorprendió nada. Precisamente la generación que creció en esa década está ahora muy implicada en el uso de Internet y en general las nuevas tecnologías. Se podría decir que es la primera generación conectada espontáneamente a la red.

Pero el desastre sin duda llegó con la entrada de los tertulianos. Acompañados por un ranking un tanto absurdo sobre los timadores de la década, se dedicaron a gritar, a jalear, y todo de una forma que daba la impresión estar guionizada, muy forzada. Si a ello le añadimos que a priori no soporto a tres de los cuatro tertulianos, la cosa se puso cuesta arriba. Enrique del Pozo acabó con mi paciencia, especialmente con su rollo de arrepentirse de su pasado, sin el cual no estaría, probablemente, en ese programa.

En definitiva, Corbacho es un genio de la televisión humorística, pero la cosa, si quiere sobrevivir, tiene que ser más corta, más ágil, y con otros colaboradores menos mediáticos pero más enterados de lo que están hablando.