Fringe 1×08 The Equation

Ojo. Contiene spoilers de Fringe. Si aún no has visto este episodio, reprímete y no leas esto.

Muertos que parecen volver a la vida, niño prodigio atormentado, abducciones, hipnosis... El último episodio de Fringe contiene muchísimos elementos que cualquier amante de lo paranormal y pseudocientífico pueda desear. Yo lo soy, pese a que Cuarto Milenio me parezca asunto de charlatanes y gente crédula. Y es que no es lo mismo creer a pies juntillas en la ciencia extrema que suspender la creencia durante unos minutos y disfrutar lo que Fringe tiene que ofrecernos.

Un niño es secuestrado usando un patrón lumínico que hipnotiza a quien lo ve. El propósito del secuestro es completar una ecuación que consigue que se atraviesen cuerpos sólidos. John Noble sigue realizando un excelente trabajo como el doctor Bishop, pero en esta ocasión adquiere un protagonismo fundamental. El científico se ve obligado a volver a aparecer en el psiquiátrico en el que estuvo ingresado, para sonsacar a uno de sus compañeros el lugar en el que se le había encerrado durante su abducción. Su personalidad inestable le lleva a ser recluido de nuevo. El miedo, el sacrificio y su personalidad oscura están a punto de hacerle caer de nuevo en la absoluta demencia, pero su deseo de salvar a un niño secuestrado se lo impide.

Aunque estemos deseosos de disfrutar de la trama de cada uno de los episodios, siempre queremos saber más del argumento general de la serie. La conspiración sigue en marcha, y esta vez los "malos" adquieren un nuevo poder.

De nuevo, más interrogantes que respuestas, y en algunos momentos podemos preguntarnos una cuestión que irrita como también lo hace en Lost: alguno de los protagonistas necesita información que alguien a su lado conoce, pero que no revela. ¿Por qué no se transmite la información? O también, ¿por qué se revelan algunas cosas y otras no? La razón por la que se dosifican los datos no es otra que generar suspense, pero no tiene sentido desde el punto de vista de la coherencia narrativa.