¿Quién teme a Susan Boyle?

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El caso de Susan Boyle está siguiendo algunos de los esquemas clásicos de como crear una estrella efímera. Aquellos que recuerden la Superpop y sus dramas de drogas, caída a los infiernos y recuperaciones milagrosas estarán al tanto de la farsa creada por Simon Cowell. Lo nuevo es tener toda una maquinaria televisiva exclusivamente al servicio de los intereses crematísticos de unos pocos.

Nos engañaron con la sorpresa y nos engañan ahora con el ingreso de la cantante en una clínica. Ambos momentos están calculados al milímetro, y a Boyle no le podría haber venido mejor quedar segunda en el concurso de esperpentos talentos. Ahora hasta Gordon Brown se interesa por la salud de la cantante. La política al servicio del espectáculo. O la política como espectáculo.

Al final la gente tendrá una camiseta ajada con la foto de la Boyle, un vídeo almacenado como favorito en YouTube y un disco polvoriento en el rincón común del apartamento. Boyle se forrará -un poco-, Cowell se forrará -mucho-, y algunos nos quedaremos con ganas de que alguien invente una nueva forma de hacer espectáculo sin recurrir a estas trilladas estrategias.