Por unos tertulianos no programados

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Hace dos semanas, por capricho del dial, me encontré con una entrevista en RNE al magnífico periodista (nada que ver con el de la foto de este post) Antonio San José (actualmente, entre otras cosas, al frente del imprescindible Cara a cara de CNN +). En ella, además de descubrir su gusto por los objetos de papelería y el buen soul, dijo una frase que no me he podido quitar de la cabeza: 'Lo peor que le puede pasar a un periodista es que la gente sepa cual va a ser su opinión antes de darla". Desgraciadamente, e imagino que intencionadamente, con esas palabras estaba definiendo al 99 % de los tertulianos que se asoman a las distintas cadenas para opinar sobre todo.

No importa de que televisión se hable. Todas pecan de lo mismo. De Intereconomía a La Sexta; de Cuatro a Antena 3; de Canal 9 a TV3; de Telecinco a TVE1. E imagino que por ese mismo perfil tan definido es por lo que le llaman al tertuliano. Saben lo que quieren y quién se lo da. El que sale perdiendo es el espectador. O al menos, el espectador que busque puntos de vista distintos al suyo y razonados.

En La Noria, además, no lo esconden. Es norma del programa presentar su (mal llamada) mesa de debate separada en dos bandos. Uno que defiende posturas más acordes con el gobierno. Y otro más con la oposición. Nunca se salen del guión como si fueran tertulianos programados. Y como decía el propio San José en la entrevista que aludía al principio 'eso les resta credibilidad, porque es imposible que el gobierno siempre haga todo mal, o que la oposición siempre se equivoque'.