[Recap] 5×01 Doctor Who: The Eleventh Hour

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Aunque parecía que no llegaría nunca, The Eleventh Hour por fin se ha emitido. Y después de la travesía por el desierto que ha supuesto este año sabático de Doctor Who podemos decir sin temor a equivocarnos que el Doctor está de vuelta. Y de qué manera. Porque a pesar de ser un episodio de inicio de temporada —que suelen ser más flojunos—, de crisis post-regenerativa —que tampoco suelen ser los mejores—, de nueva companion y de nuevo productor, The Eleventh Hour es un episodio redondo. Si quieres saber por qué, sigue leyendo.

Who da man?

Tal vez no sea una de las mejores historias de Moffat, pero sí es una de las mejores historias de Doctor Who. Si miramos un ránking de los episodios mejor valorados de la serie —incluyendo la serie clásica— los episodios del Gran Moff tíenden a ocupar los primeros diez puestos. Probablemente, éste no sea uno de esos. Pero eso no quiere decir que sea malo, porque sinceramente no es que sea bueno, es excelente. Pero no tan extraordinariamente excelente como Blink o The Girl in the Fireplace, y probablemente más al nivel de Silence in the Library.

Lo primero que tiene que hacer el guión de este episodio es presentarnos al Doctor, y tarda aproximadamente cinco frases en hacerlo. La primera vez que habla el Doctor, está ahí y es el Doctor: «¿Me das una manzana? Es lo único en lo que puedo pensar: manzanas». La siguiente escena está ahí para asegurarnos que no sólo tenemos al Doctor, sino que no va a ninguna parte. Manzanas, bacon, yogur y, por fin, varitas de merluza con natillas en un festival del antojo que ni la embarazada más desequilibrada del mundo podría igualar.

Pero el Doctor no es sólo un tipo extraño que come guarrerías, sino que además es un héroe. Eso es lo siguiente que nos demuestra, porque su mayor preocupación deja de ser la Tardis en el momento en que averigua que la pequeña Amelia Pond tiene una grieta en la pared de la que salen voces extrañas.

De vuelta en cinco minutos (o doce años)

La idea de los saltos temporales no es nueva ni por asomo, y menos aún en Moffat que ya la había utilizado de forma semejante en The Girl in the Fireplace, pero la gran maestría de The Eleventh Hour es precisamente esa: volver a utilizar un elemento que ya se había usado y que parezca absolutamente nuevo. Otro enfoque, otros personajes y el recurso está tan nuevo como el primer día. Y es que, seamos realistas: en cuarenta y siete años de serie me temo que están abocados a repetirse. Varias veces. La cosa es que lo hagan con estilo.

El personaje de Amy —que es como se hace llamar Amelia cuando se hace mayor— es brillante. Tradicionalmente las companions se dedicaban a admirar las proezas del Doctor y pasarle el destornillador sónico de vez en cuando. Aunque la serie nueva ha tratado de huir un poco de ese cliché, tanto Rose como Donna o Martha tenían algo en común: confiaban ciegamente en el Doctor. Amy no. El Doctor lleva defraudándola toda su vida, así que le plantará un poco más de cara de lo que estamos acostumbrados.

Un loco con una caja

En resumen, un episodio sensacional. Los diálogos son extremadamente memorables, con cientos de citas citables —bueno, tal vez no cientos, pero muchas— y los actores los interpretan con una cierta sobriedad y un cierto payasismo al mismo tiempo. La historia es ligera, evidentemente, porque ya hay suficiente jaleo en ese episodio como para encima meter una trama complicada, pero al mismo tiempo no se hace ni largo ni corto sino que encaja perfectamente en los 65 minutos que dura—excepcionalmente.

Los cambios con la era anterior son evidentes, y al mismo tiempo no lo son. Una producción más cuidada, unos nuevos títulos de crédito que están levantando ampollas en el fandom y una estética más de cuento de hadas que de drama urbano parecen marcar este episodio, con un estilo más cercano a Tooth and Claw que a Rose. Pero el cambio más evidente es la forma de sembrar el misterio que se desvelará en el final de temporada. Si RTD era más de soltar una palabrita aquí y allá, Moffat nos ha dado un discurso entero por parte del malo de turno, que asegura que «se abrirá la Pandorica y el silencio caerá». Otra pista menos evidente pero que haríais bien en seguir es la marca de algunos productos electrónicos, que se repite misteriosamente: ΜΨΤΗ.

Por último, un misterio final: os acordáis de la grieta de la pared que tanto preocupaba a Amelia. Fijaos en el escáner de la Tardis en la escena final antes de que el Doctor lo apague, y luego me contáis si no estáis desesperados por que llegue el sábado que viene. Porque yo sí.