[Recap] 5×03 Doctor Who, Victory of the Daleks

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Hay varias pruebas de fuego que todo nuevo Doctor debe pasar: su crisis post-regenerativa, su primer companion nuevo, su primer planeta alienígena, su primer personaje histórico y —cómo no— sus primeros Daleks. No pretendemos engañar a nadie: Victory of the Daleks dista mucho de ser perfecto, y ha dividido a los fans como pocos episodios antes de él. O se ama, o se odia. Y eso no puede ser más que una buena señal.

Would you care for some TEEEEEEAAAA?

El planteamiento de los Daleks serviles es un homenaje muy claro a una aventura del segundo Doctor, The Power of the Daleks. De hecho, la frase «I am your sol-diiiier» es casi calcada de la que pronunciaban en aquél serial: «I am your ser-vaaaant». Las similitudes acaban ahí, porque descubrimos sus verdaderas intenciones casi al principio del episodio, lo que no impide que antes disfrutemos de algunas de las escenas más hilarantes que se han visto en Doctor Who. Los Daleks con sus archivadores y sus tazas de té paseándose por el búnker de Churchill y coreando frases supuestamente amables con sus penetrantes y desagradables voces.

Desgraciadamente, no funciona tan bien el profesor Bracewell. Su historia, que pretende ser conmovedora, se queda por el camino y no llega a emocionar a nadie. Sí, es cierto que en la escena de la supuesta desactivación del androide, cuando el Doctor le conmina a que salga a buscar «esa pequeña oficina de correos, y esos fresnos, y a esa chica» nosotros queremos que lo haga. Sin embargo el momento carece de la intensidad que tenía la semana pasada sin ir más lejos la escena en la que Liz 10 se daba cuenta de que ella era la artífice de la conspiración que consumía su reino.

Un nuevo paradigma Dalek

Si hay un punto que realmente ha molestado a algunos de los fans —los más conservadores— es el nuevo diseño de los Daleks. Mucho más grandes e imponentes, lo cierto es que era un cambio necesario: ni Smith ni Gillan son exactamente bajitos, y los Daleks tradicionales junto a ellos resultaban bastante poco impresionantes. Más bien liliputienses. Sin embargo, algunos fans ya han empezado con los chascarrillos del estilo de «la Obesidad de los Daleks». Si bien es cierto que en un primer visionado puede chocar, para el segundo los Daleks grandes ya son los auténticos.

Sin embargo, independientemente de cómo elijamos sentirnos por los nuevos Daleks, lo cierto es que sus escenas a bordo del platillo son excelsas. La finta de la pasta de té —un Jammy Dodger para los britófilos— formará parte de la historia de Doctor Who y de la leyenda personal del Undécimo Doctor por mucho, mucho tiempo, incluyendo —o quizás gracias a— la genial frase: «Tardis bang-bang, Daleks boom!».

Oi! Churchill!

Otro punto estelar es la actuación —soberbia— de Ian McNeice como Winston Churchill. Como dijo en su momento Mark Gatiss, autor de este episodio, una historia de Doctor Who no es el lugar adecuado donde cuestionarse a las figuras históricas, así que es un Churchill magníficamente consistente con la idea que tenemos de él: ingenioso, optimista y al mismo tiempo implacable y exigente. Curiosamente sus interacciones con el Doctor y con la señorita Pond son exquisitamente naturales y muy divertidas.

Pero ya hemos dicho que este episodio no es perfecto. De hecho, probablemente sea el más flojo de esta temporada hasta la fecha, pero es que el listón estaba muy alto. El ritmo es un tanto irregular, y hay subtramas —como la de la señorita Breen— que se desarrollan tan poco que no acabamos de entender por qué no las han cortado del todo. No obstante, eso no quiere decir que no sea bueno, y el resultado final es una de las historias de Daleks más divertidas de toda la serie, que probablemente y a su debido tiempo ocupará el lugar que se merece junto a clásicos como Genesis of the Daleks, Remembrance of the Daleks o Dalek.

Por cierto, ¿visteis la grieta? Yo sí.