[Recap] 5×04 Doctor Who, The Time of Angels

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Este capítulo prometía mucho. Prometía el retorno de River Song, prometía también unos Weeping Angels más terroríficos y amenazantes, y prometía ser el primer auténtico clásico de esta temporada. Eso es mucho prometer, y lo más normal en estos casos es no cumplir con las expectativas. Afortunadamente, The Time of Angels no cumple con las expectativas: las supera con creces.

Hola, cielo

El personaje de River Song tal cual apareció en Silence in the Library no estaba mal, pero era quizá demasiado bueno para lo que le convenía: virtuosa, entregada, sacrificada e increíblemente inteligente, River no parecía tener ningún defecto. Claro, que esa River estaba al final de su vida, y lo primero que hace este episodio de Doctor Who es mostrarnos que las cosas no siempre fueron así. El primer cuarto del episodio está dedicado a volver a presentarnos a una River que esta vez es caradura, respondona, aventurera y arriesgada en una escena que serviría de base para una película mucho más larga que un episodio —aunque sea doble— de una serie.

Pero claro, la cosa no acaba ahí, porque con Steven Moffat al guión la cosa nunca acaba ahí. Una frase suelta nos deja muy claro que tal vez River Song no sea el alma bondadosa que pensábamos, porque al parecer si el Doctor supiera quién es realmente, no les ayudaría.

Como ya viene siendo habitual, la profesora —no, aún no— la doctora Song viene con un séquito de personajes moralmente ambiguos, en este caso su batallón de clérigos de la Iglesia del s. LI, que ha cambiado mucho más de lo que sería de esperar. Moffat vuelve a darle un nombre inusual a un personaje, Bob Sagrado, como ya hizo con el Otro Dave o Arthur el Caballo, para después darle una muerte horrible y aterradora y, lo que es más importante, que nos importe.

No soy el taxista de nadie

Matt Smith es el Doctor. Lo viene siendo desde The Eleventh Hour, no hay duda alguna, pero en este episodio es cuando realmente nos damos cuenta de hasta qué punto lo es. Si prestamos atención, cualquiera de los diálogos del Doctor podría estar interpretado por David Tennant —haced el ejercicio e imagináoslo— y sin embargo, Matt hace cada línea, cada punto y cada coma irremisiblemente suyos.

Los diálogos, no solo los del Doctor, son brillantes como pocas veces se ve en televisión. Divertidos, ingeniosos, bien escritos; desde la respuesta de River a Alistair justo antes de abrir la compuerta a bordo del Byzantium («Como te dije en la pista de baile, quizá quieras encontrar algo a lo que agarrarte») hasta la forma distendida y casual de Amy de sacrificar su vida por el Doctor («No quiero que mueras por mi, ¿te parezco tan posesiva?») cada vez que alguien abre la boca dan ganas de apuntárselo para recordarlo siempre.

Desde detrás del sofá

Así es como recuerdan muchos niños británicos Doctor Who: visto de refilón a través de los dedos o desde detrás del sofá, aterrorizado por el monstruo que se oculta en la oscuridad; y quizá haya sido con The Time of Angels la primera vez desde 2005 que la serie ha hecho honor a ese cliché. Un episodio realmente terrorífico —conozco adultos que han pasado auténtico miedo viéndolo— y con una tensión constante magistralmente ejecutada.

Pero no es lo único en lo que brilla The Time of Angels, porque sinceramente creo que hemos asistido a uno de los mejores episodios de Doctor Who de todos los tiempos, y que estará por mucho tiempo en el Olimpo de las historias junto a piezas como Midnight, The Empty Child, Genesis of the Daleks o The War Games. Lo único que lamento es tener que esperar una semana más para ver la segunda parte.

Feliz espera.