El arte de narrar en Lost


Al ser humano le gusta que le cuenten historias. Eso ha sido así desde tiempos inmemoriables. Desde que éramos pequeños, hemos querido que nos narren cuentos, fábulas, nanas. Conforme íbamos creciendo, la posibilidad de ofertas se ampliaba: series de dibujos animados, novelas, tebeos (y su máxima expresión, la novela gráfica), películas... Además, siempre, siempre nos ha gustado oír una historia de una persona querida, de alguien que sabe deleitar con la voz y el uso de las palabras.

Cuando nos han contado una historia en el cine o la televisión, normalmente hemos pedido que nos satisfagan en todas las preguntas que el relato pudiera plantear. El cine clásico nunca nos dejaba con la miel en los labios, nunca nos hacía recapacitar el porqué de esto o de lo otro tras el The End. Eso fue cambiando con el paso del tiempo, con la llegada del cine moderno y, consecuentemente, de un espectador más atento, que ya no recelaba del nuevo medio y ante el que uno podía plantearse nuevas piruetas narrativas. A ver cómo contamos ahora las historias.

Pues eso pasa en Lost. Nosotros pedimos respuestas, queremos que se nos explique todo. Y sí, de acuerdo, ya conocemos el origen de Richard Alpert, por qué no envejece, y la existencia de Jacob y Némesis. Pero todavía no sabemos de qué conocía el rubio de los ojos azules a Ilana, por qué ella estaba vendada y herida en un hospital o por qué los dos hablan entre sí en ruso. ¿Y si no lo sabemos tras la season finale? ¿Tenemos derecho a quejarnos? ¿Y si no es más que otra manera de contar las historias?

Lost nos ha permitido conocer una nueva forma de narrar para televisión, donde se plantean las preguntas pero las respuestas no son satisfechas. Donde el flashback es esencial para conocer las motivaciones de los personajes, por qué actúan así, qué les llevó a tomar aquel vuelo Oceanic 815 o por qué su vida estaba tan destrozada como para tomar el Ajira 316. Donde el espectador tiene que hacer trabajar la mente a partir de una poca información dada para construir todo el relato (¿nos hacemos ya una idea de por qué las mujeres que conciben en la isla mueren al dar a luz?).

Nos guste más o menos la serie, la odiemos o la ensalzemos, Lost exige un nuevo tipo de espectador atento a un relato diferente. Las epopeyas ya no son como las que nos contaban nuestros clásicos. Las fábulas ya no son como las que nos fascinaban cuando éramos pequeños. Y si nos indignamos por ello, es que no estamos preparados para que nos cuenten nuevas historias.