[Recap] 5×06 Doctor Who, The Vampires of Venice

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Después de la obra maestra de las últimas dos semanas, el sexto episodio de esta temporada de Doctor Who lo tenía muy pero que muy difícil. Parecía imposible superar las proporciones épicas de The Time of Angels y Flesh and Stone, que se han convertido ya en clásicos por derecho propio del whoniverso. Si algo podemos decir después de haber visto el episodio de esta semana es que, en efecto, no lo supera. Ni de cerca. Pero eso no es necesariamente malo.

¡Venezia! ¡La Serenissima!

Seguro que hubo un momento —aunque solo fuera un momento— en el que temisteis que Amy Pond acabase por convertirse en una Situación Martha Jones™ con mucho lloriqueo, mucho ojo de pena y muy poco interés. Afortunadamente lo primero que hace este episodio es despejar esas dudas. Parte del story arc de esta temporada, como en todas, es el desarrollo emocional de la companion, y en cierto modo empezamos a ver por donde van los tiros con la adorable señorita Pond. Los viajes por el tiempo y el espacio —lo dice el propio Doctor— pueden cegarte respecto a lo que es importante de verdad. Así que se lleva a Amy y a su prometido, Rory, al que habíamos visto por primera vez en The Eleventh Hour, a una romántica cita en Venecia, 1580. Solo que se encuentran con unos vampiros.

Y ahí está el otro gran hallazgo de este episodio: los vampiros que no son vampiros pero parecen vampiros. Las alumnas de la escuela Calvierri llevan un look que parece sacado de la Hammer House of Horror y lo curioso es que queda fenomenal. Pero no son vampiresas, sino peces. Bueno, son peces porque lo dice el Doctor, porque más bien tienen aspecto de ciempiés acuáticos del espacio exterior, pero independientemente del aspecto que tengan, son geniales. Lo son por el claroscuro moral de sus acciones: sí, en efecto, planeaban hundir Venecia entera; pero si pensaban hacerlo era para salvar a los últimos de su especie, que habían sido exterminados por un mal muchísimo mayor. De hecho, sus ambiciones no iban más allá, y no querían esclavizar a nadie ni sojuzgar el planeta entero. Sólo querían una ciudad. Incluso el propio Doctor está tentado de ayudarles en un momento dado —como dice más tarde Rosanna Calvierri, tal vez no pueda soportar el peso en su conciencia del exterminio de otra raza— pero la soberbia de la Calvierri supone su caída.

No son vampiros, son alienígenas

Precisamente ésta es una de las cosas que se echaban de menos esta temporada: hemos tenido villanos extremadamente crueles, implacables, indiscutibles, como los Daleks, los Weeping Angels y el Prisionero Cero. Hemos tenido monstruos que al final resultaban no serlo, con la Ballena Estelar. Pero lo que no habíamos tenido es uno de esos monstruos que, desesperados, huyendo de la destrucción, buscan causar un mal relativamente menor por su propia supervivencia. La conciencia de Nestene en Rose (era mucho más maléfica en Spearhead from Space y Terror of the Autons), los Pyroviles en The Fires of Pompeii, incluso los Adipose en Partners in Crime; los Hermanos de las Aguas resuenan a esos alienígenas desahuciados. De hecho, uno de los momentos de máxima tensión del episodio es el sacrificio de Rosanna Calvierri. A lo mejor es que yo tengo la brújula moral muy desequilibrada, pero francamente me dio mucha pena.

Y Amy. Amy, Amy, Amy. No sé por donde empezar por Amy. En el primer capítulo prometía: en este ha terminado de cumplir las promesas y las supera. Su interacción con Rory no sólo es divertida: también es tierna. Cuando supimos que Rory se uniría a la tripulación de la Tardis para la segunda mitad de la temporada, muchos temieron una dinámica tipo Mickey Smith. Afortunadamente la cosa no es así: Amy es una chica valiente, divertida pero un poco extraña, que tiene una forma muy peculiar de demostrar su amor por Rory. Pero que le quiere es más que evidente, y eso es tranquilizador, porque con este episodio el asunto está ya quitado de en medio y podemos concentrarnos en cosas más importantes. Como por ejemplo, el Silencio.

Unas eran diminutas... Otras, tan grandes como el cielo

En general podemos decir que es un episodio de la mitad. De la mitad para arriba, sí, pero no uno de esos que recordaremos dentro de veinte años como una obra maestra. Es posible que sea el favorito de alguien, y desde luego no estamos hablando de un pestiño al estilo Love & Monsters o Time and the Rani, pero tampoco es un episodio que vaya a hacer mucha mella en la memoria de nadie. Salvo quizá en el aspecto que se refiere a la continuidad de la temporada.

Si ya nos estaba pareciendo que la forma de progresar en el story arc era muy distinta a la de otras temporadas, este episodio lo termina de confirmar. Mientras que en la era RTD las pistas eran apenas sutiles menciones de pasada —Bad Wolf, Torchwood, Mr. Saxon—, en esta nueva era forman parte inextricable de la trama de cada episodio en una forma muy inteligente: no es necesario ver toda la temporada para entender cada episodio, pero si es necesario ver cada episodio para entender toda la temporada. Es decir, que no perjudica al espectador casual, pero recompensa a los fans.

Es fantástico ver como la historia de los episodios se va entrelazando: Rosanna Calvierri nos habla del Silencio, de las Grietas, con toda naturalidad. No intentan sorprendernos con el hecho de que haya un arco de temporada —ese momento ya ha pasado en DW— sino que probablemente la sorpresa sea mucho mayor. Y hablando de todo, ¿quién no ha visto la grieta de este episodio?

¿A que os habéis quedado muertos?