[Recap] 1×03 Haven: Harmony

Y yo que me lo quería perder. No, no quería ni por asomo, pero ya les había manifestado a ustedes mis dudas sobre Haven, que teniéndolo todo para engancharme, no terminaba de hacerlo. Pues ya sí, ya ha terminado. Y fíjense que incluso estoy dispuesto a perdonarle unos agujeros en la trama por los que cabría una Voraz Bestia Bugblatter de Traal, porque me apetece. Porque uno ve la tele —o en mi caso el ordenador— para entretenerse, divertirse y excitar la imaginación, y en todos esos aspectos Haven no sólo cumple, sino que se luce.

Ya pasé una parte importante del último recap cantando las alabanzas de la agente Audrey Parker, pero es que cuanto más cómoda está en el papel más se luce, y cuanto más tiempo tenemos para entender a su personaje, mejor nos cae. Una de mis reservas sobre el primer episodio era que no acabábamos de comprender los motivos que conducían a la agente Parker a quedarse en Haven, y dos episodios más tarde puedo —afortunadamente— asegurar que mis dudas han sido completa y absolutamente despejadas.

En cuanto a la trama de esta semana, he de reconocer ante ustedes, mis queridos lectores, que cuando leí la sinopsis me temblaban las piernas como si me hubiera bajado en ese momento de la montaña rusa. Que en un manicomio de pronto los locos están cuerdos y los cuerdos están locos. Pues vaya plan, parece recién sacado del Manual del Guionista Principiante. Luego resulta que no, que muy bien, que lo de los locos cuerdos y los cuerdos locos se resuelve enseguida y nos queda una preciosa historia de amor imposible camuflada bajo las formas de lo sobrenatural. Bueno, preciosa y un poco pastelera, pero no está mal.

Lo que pasa es que se está empezando a ver que no podemos aproximarnos a Haven como a otras series, porque Haven no es una serie corriente. No es un procedural policíaco, aunque apunta maneras; no es un thriller sobrenatural, aunque tiene elementos; no es una comedia, aunque tiene un tono desenfadado y alegre que encaja siniestramente con los misterios que trata; tiene capítulos esencialmente autoconclusivos pero permite con razonable elegancia que la mitología de la serie se entreteja —sin estorbar— en sus argumentos.

Precisamente eso, la mitología, es otra de las cosas que me divierte sobremanera en este pueblo ficticio de Maine —que en la vida real está en Nuevo Brunswick, Canadá— porque no dejan puntada sin hilo. Con la reaparición en este episodio de Duke (Eric Balfour, el amigo efímero de Xander y Willow en el primer episodio de Buffy the Vampire Slayer) el personaje de Nathan ha adquirido un tono de claroscuro que no tenía en un principio. ¿Qué quería decir con eso de que Nathan no es 'un niño de verdad'?

Lo único que me da todavía un poco de rabia es la tranquilidad con la que se conduce la Parker en lo referente a 'the Troubles'. Porque todo el mundo habla de ellos como si tal cosa, pero ella no acaba de pedir una explicación. Tal vez sea cosa mía, porque puede que the Troubles no tengan más misterio que lo que es evidente, pero algo me dice que no.

En resumen, y esto lo digo desde un sano tercer episodio, Haven es una apuesta ideal para el verano para todos los fanáticos del thriller sobrenatural —Fringemaníacos, os estoy mirando a vosotros. Una versión más ligera y menos épica pero divertida e intrigante como la que más. Recomendadísima.

Imagen: Syfy