Big Lake, otra comedia mediocre

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Me estoy planteando seriamente esto de dejar de ver nuevas sitcoms porque creo que estoy perdiendo el gusto o la objetividad (o ambas cosas). Después de ver Melissa & Joey ya tuve esa sensación pero los dos primeros episodios de Big Lake, la nueva serie de Comedy Central, creo que han hecho colmar el vaso de mi paciencia. ¿Será que me he vuelto sofisticada?

Empecé a ver Big Lake porque uno de sus actores es Chris Parnell, el divertidísimo doctor Spaceman de [30 Rock], y además, está producida por Will Ferrell así que, como mínimo, esperaba reírme un rato. Pero no, no me he reído nada de nada, pero vayamos por partes.

El protagonista es Josh Franklin (Chris Gethard que sustituyó en el último momento a Jon Heder y se nota), un joven genio de las finanzas que vuelve a casa de sus padres tras un escándalo financiero que provocó el cierre del banco en el que trabajaba. Allí se reencuentra con un padre amargado por tener que volver a trabajar al perder sus ahorros (James Rebhorn), una madre adicta a las pastillas adelgazantes (Deborah Rush) y un hermano de 13 años criminal y maquinador (Dylan Blue). El cuadro se completa con Glenn (Horatio Sanz), exconvicto y mejor amigo de la infancia, y el profesor Chris Henkel (Chris Parnell), que tras años de profesión, ya no confía tanto en el sistema educativo como solía hacerlo.

Uno de los problemas que tengo con esta serie es que el protagonista me da igual, no tengo un interés especial por que le pasen cosas buenas pero tampoco lo tengo por que le pase algo malo, lo que es mucho peor. De hecho, si tuviese que escoger entre susto o muerte, preferiría una serie protagonizada por el amigo colgado y el profesor quemado y adicto a la vicodina.

Pero el principal problema es que, como he dicho antes, no me hizo reír. Muchos chistes son malos, algunos graciosos los alargan demasiado y acaban perdiendo la gracia, y en otros se quedan cortos (como la vuelta de tuerca a Good Will Hunting que al lado de lo que hicieron en Community se queda en nada).

Es una comedia que se queda constantemente a medio camino, ni es moderna ni es clásica, ni te hace reír pero tampoco es lo peor que se ha hecho. Y ser mediocre es lo peor que se puede ser. Yo sólo pido que, por favor, alguien le dé de una vez a Chris Parnell la serie que se merece.

Foto: Comedy Central