[Recap] 4×01 Mad Men: Public Relations

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Hace unos días se estrenó la cuarta temporada de la multipremiada serie Mad Men y lo que está claro es que sigue en plena forma. El final de la tercera temporada nos dejó con un Don Draper que debía empezar de cero tanto en su vida profesional como en la personal. ¿Se habrá adaptado a la nueva situación? Tal vez no tan bien como él piensa.

¿Quién es Don Draper? Esa es la pregunta que abre la cuarta temporada de Mad Men y, después de todo este tiempo, los espectadores todavía no tenemos una respuesta clara. De hecho, ni él mismo parece tenerlo claro, y es que este hombre que podría venderle una nevera a un esquimal, es incapaz de venderse a sí mismo.

Ha pasado un año desde la creación de la nueva agencia Sterling Cooper Draper Pryce y parece que los inicios están siendo duros. Gracias a la completa (y elegante) presentación de las nuevas oficinas vemos que son mucho más pequeñas que las de la antigua Sterling Cooper. Pero como buenos publicistas, acaban convirtiendo las carencias en virtudes y convencen a sus clientes de que el hecho de que no tengan mesa de reuniones tiene la función de facilitar la conversación. No se trata de mentir sino de adornar la verdad.

Por otro lado, Don Draper ahora vive solo en un pequeño apartamento absolutamente deprimente. Cuando llega a casa ya no se encuentra a una guapa y sumisa esposa que le espera con la comida hecha y la ropa planchada sino que le recibe una asistenta refunfuñona. ¿Hay una imagen más patética que la de ver a un Don Draper lustrándose los zapatos ante el televisor? Pues sí, la de un Don Draper en la cama abofeteado por una prostituta. Quién le ha visto y quién le ve.

Como indica el título, de lo que va este episodio es de la importancia de las relaciones públicas, es decir, de la importancia de la imagen que se proyecta. Draper está acostumbrado a que su trabajo hable por él pero ahora esto ya no es suficiente. Hay que adaptarse a las nuevas técnicas publicitarias de “guerrilla” y los más jóvenes de la agencia lo tienen claro. Peggy y Pete no dudan en fingir una pelea entre dos mujeres por un jamón para promocionar un producto, a pesar de que se les vaya de las manos. Es una estrategia arriesgada pero efectiva.

Pero más arriesgada es la actitud de Draper con los nuevos clientes, una empresa familiar fabricante de bañadores de dos piezas (que no bikinis). Decide echarlos literalmente de la agencia porque se niegan a aceptar sus ideas, y es que el cliente no siempre tiene la razón y si no es capaz de reconocer una buena idea, que vaya a molestar a otro. Probablemente es el peor momento para tener semejante ataque de dignidad teniendo en cuenta el estado económico de la agencia pero Draper, ni que sea en el trabajo, sigue siendo de un hombre de principios.

Para finalizar y como curiosidad, los que habéis visto el capítulo seguro que os preguntasteis por qué Peggy y Joey repetían continuamente los nombres John y Marsha. Se trata de una referencia a una conocida pieza del humorista Stan Freberg del año 1951 que consistía en una sátira a las soap operas melodramáticas. Aquí os dejo un fragmento de la grabación original.

Via: Nola