[Recap] 4×02 Mad Men: Christmas Comes But Once a Year

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En la antigua Sterling Cooper, Navidad era sinónimo de fiesta loca pero en la nueva agencia no están para tirar cohetes y se van a tener que conformar con una vaso de ginebra y un poco de queso. ¿Seguro?

Pues claro que no, y todo gracias a la visita inesperada de Lee Garner Jr., mandamás de Lucky Strike. Así pues, como dice Roger Sterling, habrá que sacrificarse y pasar de una fiesta de asilo de convalecientes a una orgía romana, y todo para complacer al principal cliente de la agencia.

Lee Garner Jr. está acostumbrado a conseguir siempre lo que quiere, recordemos que provocó que echasen al pobre Salvatore por rechazarle, y esta no será una excepción. La fiesta se convierte en una gran juerga de montañas de comida y ríos de alcohol (como no) con todos bailando la conga y jugando a pasarse la naranja con el cuello como Cary Grant en la película Charade.

Pero el momento más humillante de la noche aún estaba por llegar. Roger, retado por Garner, se ve obligado a vestirse de Santa Claus para repartir los regalos a los empleados y acaba teniendo que soportar como su principal cliente estrena la cámara Polaroid regalada por la agencia fotografiándolo con sus empleados (la cara de Harry sentado en su falda es todo un poema), todo sea por el bien de la empresa. Según palabras de Garner, le hacen sentir como cuando de pequeño pedía algo y se lo daban para hacerle feliz.

Eso mismo es lo que Don Draper intenta hacer con sus hijos ya que no puede estar con ellos por Navidad. Si su hija Sally quiere un collar grabado de 30 dólares, pues se lo compra y además le regala un disco de los Beatles, y si su hijo Bobby quiere un camión de bomberos y una batería, pues se los compra y le añade una radio, porque en el fondo sabe que todo los regalos que compre no compensarán su ausencia y eso le tiene destrozado.

Y hablando de Sally, parece que la hija mayor de los Draper tendrá mayor protagonismo esta temporada. Ya la vimos enfrentarse a su madre en el episodio anterior y ahora sabemos que echa mucho de menos a su padre y apuesto a que no está dispuesta a mudarse lejos de él. Lo que más me preocupa es su creciente amistad con Glenn, aquel chico extraño que en la primera temporada le pidió un mechón a Betty, y que parece entender tan bien a Sally (recordemos que sus padres también se divorciaron y se han vuelto a casar). Veremos como evoluciona esta relación pero seguro que va a dar mucho que hablar.

Por otro lado, tenemos novedades en la oficina. Para empezar, Freddy se ha incorporado a la agencia después de llevar dieciséis meses sobrio y con una importante cuenta bajo el brazo, las cremas Pond’s. Tan solo ha puesto una condición, no trabajar con Pete, normal después de ver como le trató en el pasado.

Peggy está feliz con la vuelta de Freddy pero, al empezar a trabajar con él, se da cuenta de que tal vez sus métodos sean demasiado antiguos y que hay que dar paso a nuevas ideas como la de los jamones Sugarberry que resultó ser todo un éxito. Ella busca al público joven que no quieren escuchar consejos de belleza de mujeres mayores sino que desean estar guapas ante el espejo para sentirse bien con ellas mismas y no para conseguir marido.

La otra novedad de la oficina precisamente tiene que ver con esta nueva manera de hacer publicidad pero en este caso se trata un grupo de investigación que aplica el método científico para conocer los gustos de los consumidores mediante test psicológicos. Para mostrar su efectividad, reparten entre los trabajadores de la agencia un cuestionario con preguntas destinadas a saber qué quiere el consumidor en lugar de lo que hacen, y todos parecen dispuestos a contestarlo menos Don Draper, que se escabulle de la reunión. Muy típico de él, tan reservado como siempre. Y eso bien lo sabe la psicóloga responsable, la doctora Faye Miller, que se toma su actitud esquiva como un reto, y es que le conoce mucho más de lo que él piensa.

Don ahora mismo está pasando por un mal momento, y como Peggy, no quiere estar solo en Navidad. Esto le lleva a intentar acostarse con cualquier mujer que se le cruce, ya sea su simpática vecina o la doctora Miller, pero será finalmente su secretaria (what a cliché) la que acabe acostándose con él, aunque ni si quiera consigue que se quede a pasar la noche. Definitivamente Don Draper está perdiendo facultades.

Al día siguiente, no le queda más remedio que enfrentarse a su particular paseo de la vergüenza y lo hace a su manera, es decir, elegante y tremendamente dolorosa, con una postal de Navidad y 100 dólares. Parece ser que Don se está aficionando a pagar por el afecto para compensar su falta de implicación emocional. En el fondo es como la galleta que dan a los que realizan el cuestionario psicológico para recompensar el tiempo empleado. ¿Será la atractiva doctora Miller la que le sacará de este pozo? Estaremos atentos.