[Recap] 4×03 Mad Men: The Good News

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Esta cuarta temporada de Mad Men está marcada por la soledad de Don Draper y su incapacidad para implicarse emocionalmente, y es que Betty le rompió el corazón cuando le abandonó. Es por eso que no es arbitrario que antes del episodio nos recuerden cómo Anna Draper le dijo que lo único que le impedía ser feliz es creer que está solo. Sabias palabras.

Como supimos en Christmas Comes But Once a Year, Don tiene la intención de pasar el año nuevo en Acapulco pero antes quiere visitar a la única familia que le queda y que le quiere a pesar de saber quién es en realidad, Anna Draper. Don necesita hablar con alguien que no le juzgue, y para eso, Anna es la persona perfecta.

Cuando Don llega a casa de Anna, se la encuentra con una pierna escayolada pero tan alegre como siempre. Y como ella no es de las que se amilanan, la escayola no le impide correrse una buena juerga con Don y su sobrina Stephanie. La velada se salda de la manera esperada, Don discutiendo con Stephanie de política, Don abriendo su corazón a Anna y, como no, Don intentando seducir a la joven Stephanie, y es que nada parecía indicar lo que estaba por llegar.

Don se ofrece a llevar a casa a Stephanie pero sólo porque así ella no tendrá que hacer autostop, y nosotros nos lo creemos, claro. Como era de esperar, al llegar a su destino Don prepara su estrategia de acercamiento pero Stephanie tiene otra cosa en la cabeza y acaba soltándole la bomba. Anna tiene cáncer en un estado muy avanzado y no lo sabe. La noticia le cae a Don como un jarro de agua fría, y es que Anna ha sido su bastón y le cuesta entender que no haya nada que hacer.

Después de pasar la noche en vela, decide hacer lo único que ahora mismo puede hacer por ella, pintarle la pared para esconder las manchas de humedad, como si de esa manera también escondiese su enfermedad. A pesar de enfadarse tanto con Patty, la hermana de Anna, él tampoco se atreve a contarle la verdad, ni siquiera durante la “marciana” conversación sobre extraterrestres en la que ella dice que el hecho de ver un OVNI le hizo pensar en lo endeble es la vida.

En el fondo Don ya sabía que, aunque le pese, él no tiene ningún derecho a decidir sobre la vida de Anna porque, como dice Patty, no es más que un hombre con un talonario. Así pues, decide marcharse a Acapulco porque cuanto más tiempo se quede, más posibilidades habrá de que se lo cuente, y se despide con la promesa de volver por Pascua con los niños. La mirada de Don antes de salir por la puerta, consciente de que seguramente no la volverá a ver (por lo menos en esas condiciones), es de lo más descorazonadora porque se está despidiendo de la única persona que le conoce realmente.

Al volver a Nueva York, se encuentra en la oficina a Lance Pryce que no se ha ido a Londres por una disputa conyugal y deciden pasar el año nuevo juntos regando sus penas con whisky del bueno y viendo Godzilla en el cine. Todo un plan. Pero la noche no se queda ahí, que es año nuevo y hay que celebrar el reciente estado de soltería de Pryce, así que acaban en el apartamento de Don con dos prostitutas de confianza. La verdad es que, por la cuenta que le trae, será mejor que Pryce no siga el ejemplo de Don en esto de superar el divorcio.

Por otro lado, no me gustaría acabar este repaso del episodio sin hablar sobre la otra trama importante del episodio. La temporada pasada supimos que Jeremy, el marido de Joan, tenía la intención de alistarse al ejercito para poder seguir su sueño de convertirse en cirujano, pero desde entonces no habíamos vuelto a saber nada, hasta ahora. Finalmente se alistó y ya queda menos para que acabe su formación, lo que significa que en cualquier momento podrían enviarle a Vietnam.

Joan no parece demasiado afectada por el tema, y va al ginecólogo porque quiere saber si podrá quedarse embarazada, pero no ahora, sino en el momento en que lo decidan. El médico se extraña por la pregunta ya que no es normal que una mujer de su edad, en esa época, y después de llevar dos años casada, todavía esté esperando el momento apropiado para quedarse embarazada. Pero Joan lo tiene claro ¿no?

Pues la verdad es que no, porque conocemos a Joan y sabemos que le gusta tenerlo todo controlado, y es muy difícil hacer planes cuando no sabe si su marido estará en casa el mes que viene. Por esa razón, cuando se hace un corte en la mano y su marido le cura contándole un chiste malo, como suele hacer con los niños, acaba derrumbándose. No es para menos.

Pero como la vida privada no debe afectar a la vida profesional, todos llegan a la oficina al día siguiente después de las pequeñas vacaciones como si nada hubiese pasado y, probablemente, con la esperanza de que 1965 sea un año mejor. Pobres ilusos.