[Recap] 4×07 Mad Men: The Suitcase

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Cuesta mucho escribir después de episodios como The Suitcase, necesitan un tiempo de reposo, de asimilación y de revisión. De nuevo, Weiner escoge un momento histórico para ambientar un episodio memorable, en este caso utiliza la noche del combate del golpe fantasma entre Sonny Liston y Cassius Clay celebrado el 25 de mayo de 1965.

En el anterior episodio, Waldorf Stories, nos dejamos a un Don Draper al que sus problemas con el alcohol estaban empezando a hacer mella en su vida laboral. Y es que cada vez le cuesta más controlarse porque cada día su vida está más vacía. Por eso, lo peor que le podía pasar ahora es recibir la temida llamada de Stephanie desde California.

A pesar de que se haya estado mentalizando, la muerte de Anna deja a Don destrozado e intenta retrasar el momento de devolverle la llamada a Stephanie al máximo. Para ello decide centrarse en el trabajo y obliga a la pobre Peggy a quedarse a trabajar en la cuenta de Samsonite el día de su cumpleaños. Y aquí es cuando empieza el espectáculo.

Don quiere que siga trabajando pero es Peggy la que finalmente decide quedarse a sabiendas de que su novio Mark la está esperando para celebrar su cumpleaños en un restaurante. Por cierto, no se me ocurre una sorpresa menos romántica que organizar una cena con su familia y su compañera de piso. Peggy elige voluntariamente permanecer atrapada en la red de Don no sólo porque se preocupe por su estado sino porque, como le pasa él, su trabajo es lo más importante en su vida. El problema es que eso no es demasiado normal en una mujer y debería estar más preocupada en formar una familia, una pena que cuarenta y cinco años después estemos en el mismo punto.

Por su parte, Don no deja de beber mientras Peggy le lanza ideas sin cesar para la campaña, y, evidentemente, todo desemboca en gritos y reproches porque Peggy sigue enfadada después de que Don ni siquiera le diese las gracias por la campaña Glo-Coat. Pero Draper, que no es de callarse las cosas y menos si lleva unas copas de más encima, le acaba soltando una de aquellas verdades que todos sabemos pero que nos cuesta aceptar y es que no le ha dado las gracias porque para eso está el dinero con que le pagan. Que te hagan sentir como una prostituta no es lo que una chica quiere como regalo de cumpleaños.

Todos sabemos que Don es más duro con Peggy porque la aprecia y sobre todo porque son muy parecidos, de hecho, ahora que ha muerto Anna, se ha convertido en la persona que más le entiende a pesar de que todavía no se pueda decir que sepa quién es realmente. Ambos tienen maletas llenas de secretos y ambos han estado presentes en uno de los peores momentos de la vida del otro, incluyendo la fatídica llamada. Dudo que ninguno de los dos lleguen a encontrar a alguien que les comprenda mejor.

Y como la noche iba de pelea, a falta imágenes de Clay vs. Liston, hemos sido testigos de otra pelea mucho más patética entre dos borrachos que se guardan muchos resentimientos, y es que Duck, que dice ser mejor que Don, en el fondo quiere ser como él (y como diría el propio Don si es mejor que él ¿por qué necesita decirlo?). Pero Don Draper, para bien o para mal, es único (y ni siquiera después de verle echar el hígado por la boca pierde su encanto).

Estoy segura de que este episodio estará entre los nominados a los Emmy del próximo año aunque no me extrañaría que nos tuvieran reservada alguna otra sorpresa a lo largo de esta temporada, el señor Weiner siempre acaba superándose. Sé que muchos estáis cansados de que Mad Men no pare de acaparar premios pero con episodios como este, lo siento mucho, pero la cosa va para largo.