Cuestión de imagen

Hace unos días las atrevidas fotografías de los protagonistas de Glee para la revista GQ provocaron una absurda polémica llegando a acusar a la revista de fomentar la pedofilia, y esto sólo se puede entender si pensamos que hay quien cree que la televisión tiene que ser un modelo de conducta a seguir. ¿Pero la televisión tiene que dar ejemplo? Bajo mi punto de vista, definitivamente no.

Y todo esto lo digo en relación a otra polémica generada los últimos días a raíz de un artículo bastante sangrante publicado en la web de la revista Marie Claire en el que la autora criticaba la sitcom Mike & Molly y proponía la tesis de que en el fondo la serie estaba promocionando la obesidad. Está claro que la obesidad es un problema muy grave en el primer mundo pero eso no quiere decir que a los gordos se les tenga que esconder debajo de la alfombra porque a los espectadores tal vez les de por comer como locos para parecerse a ellos (para eso ya tenemos a Top Chef).

Parece ser que lo que más molesta es que los protagonistas no se muestren excesivamente preocupados por su peso (que lo están) pero como excusa es bastante pobre porque lo mismo se podría decir de Dexter Morgan, que no parece estar muy arrepentido de matar, por no hablar de que Charlie Harper, como dicen por aquí, en cada episodio se vanagloria de sus borracheras y no sólo no es criticado sino que encima le reímos las gracias a pesar de que su conducta no difiere demasiado de la del actor que lo interpreta. Así pues, ¿cuál es el problema? Pues que no dan bien en pantalla, y punto.

Si es así, me quitan un peso de encima porque nadie nunca se va a preocupar del modelo de conducta que se extrae de dos series como Californication o Mad Men porque tanto David Duchovny como Jon Hamm dan fantásticamente bien en pantalla, y para celebrarlo me voy a comer un bombón, que me ha entrado hambre.

Foto: Access Hollywood