[Recap] 3×06 Fringe: 6955 kHz

¿Se acuerdan ustedes de cuando Fringe era un típico thriller paranormal con caso-de-la-semana y muy de tarde en tarde un episodio mitológico? Yo casi no. Porque después de dos temporadas francamente buenas aunque con cierta tendencia a hacerse las remolonas en materia de revelaciones, la tercera va a toda máquina y sin frenos. Y permítanme que haga un vaticinio: cuando de aquí a diez años estemos hablando de los momentos que definieron Fringe, contarán este episodio como uno de ellos. A pesar de Nolivia.

Y es que Nolivia, Bolivia, Alt-Olivia o como quieran llamarle es lo que más me está costando aceptar de esta nueva temporada. Es una pesada. Y además, no se parece en nada a nuestra Olivia: me cuesta comprender cómo es posible que sea Nina Sharp de entre todos los personajes la única que se dé cuenta de que algo pasa con ella. Quizá sea un trauma personal, pero francamente, se me está haciendo un poco demasiado cuesta arriba.

Ahora, que eso es lo único que se me está haciendo algo cuesta arriba, porque la historia va avanzando con rapidez y certidumbre en una dirección muy pero que muy interesante, y precisamente esa es una de las razones de que el episodio que nos ocupa tenga la importancia que tiene. Al fin y al cabo, 6955 kHz contiene la primera referencia a esa antigua civilización en la que ya reparamos en el segundo episodio. Por fin les ponemos nombre: son los First People. Y lo único que averiguamos más o menos a ciencia cierta sobre ellos es inquietante y misterioso: por alguna razón crearon el Vacío, la máquina capaz de la destrucción y la creación totales, y luego dejaron un mensaje en una botella para que alguien, millones de años más tarde, la pudiera encontrar.

Elegantemente, además, nos ponen en bandeja lo que parece que será el arco argumental de una buena parte de esta temporada: la búsqueda e investigación de las treinta y siete piezas de la máquina que faltan. ¿Veremos a los chicos de la división Fringe aventurándose a las cuatro esquinas del globo como si buscasen los trece fantasmas de Scooby-Doo? Lo dudo, pero con un poco de suerte nos puede caer una localización internacional —aunque sea falsa.

Por su parte los Bishop nos regalan una sorprendente pieza de personajes, con un Walter cada vez más crecido y confiado y un Peter que, muy a su pesar, se está convirtiendo poco a poco en el científico loco que siempre debió ser. Y por supuesto Astrid —indiscutiblemente merecedora de ser una Bishop adoptiva— nos demuestra que sus capacidades van mucho más allá de tratar a Walter con dulzura y saber elegir los discos adecuados.

Pero —¡ah!— el cliffhanger. ¡Qué cliffhanger! Olivia —la buena, la nuestra— frente al espejo, patidifusa perdida y aterrorizada porque sabe que lo que Peter imaginario le está diciendo es cierto. Tiene que huir. Tiene que volver a casa.

Ya iba siendo hora.