[Recap] Psychoville: Especial Halloween 2010

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¿Cómo? ¿Que ya ni se acordaban de Psychoville? Bueno, así es como se las gastan en la Pérfida Albión, y nos hacen esperar meses y meses para darnos la siguiente dosis. Por si no se acuerdan, la última entrega de Psychoville que pudimos ver nos dejó total y completamente en vilo. Así que para los que esperen algún tipo de resolución del cliffhanger en este episodio, déjenme que les aclare: de ninguna de las maneras. El especial de Halloween es muchas cosas, pero hay una cosa que no es: canon. Al menos en su mayor parte. Me explico: el episodio toma la forma de un portmanteau, que los aficionados al terror de productoras como la Hammer o Amicus reconocerán como un formato bastante explotado por el género. Para los que no lo conozcan, es una película que, a través de una historia-marco cuenta historias cortas. La cuestión es que, hasta donde he podido ver, la historia-marco es definitivamente canónica, pero las contenidas dentro de ésta no lo son.

La historia-marco en sí, pues bueno. No está mal, pero tampoco termina de estar bien. Hasta la escena final —eso si que es una sorpresa— carece de casi todo lo que convierte a Psychoville en lo que es. Nada de ese ingenio misterioso, de ese humor mitad repugnante y mitad negro. Nada de esos personajes imposibles, despreciables y escurridizos. Sólo un tipo con capucha y un cretino con una cámara de visión nocturna. Afortunadamente, la historia-marco es eso, el marco, y las obras que contiene el marco si bien son irregulares tienen mucho de Psychoville.

La primera, la de Mr. Jelly, probablemente sea la más floja de todo el episodio. Y es que si bien el terror a la japonesa les queda muy digno con los monstruitos sin cara, que luego resulta que eran niños atropellados y todo eso, la resolución es anticlimáctica y apresurada. Y nada sorprendente. El humor tampoco está tan presente como suele estar alrededor de Mr. Jelly, y eso es una lástima, porque es probablemente lo mejor del personaje.

La segunda historia, la que se centra en Joy y su bebé, Freddy Fruitcake, es, con mucho, lo mejor del especial. Vale que tenemos un George —su marido— absolutamente fuera de personaje, pero al fin y al cabo es una leyenda urbana, algo contado por el amigo de un amigo. La historia y el desenlace especialmente tienen un cierto aroma a Alfred Hitchcock Presents, con el horror desenvolviéndose a partir de una situación doméstica más o menos normal.

La historia de Oscar Lomax y Tealeaf quizá peque un poco de falta de espacio para respirar, y si acaso de ser un poco predecible. La historia del trasplante que acaba mal es otro cliché del terror sensacionalmente explotado, lo cual unido a momentos como el del asesinato a ritmo del tema principal de EastEnders hace que este segmento sea sin duda alguna el ganador en el campo de la comedia, que resulta ser un poco demasiado escasa en el resultado final.

Con David y Maureen es con quienes tenemos el mayor problema, y es que su trama era una de las mejores de la primera temporada, y era imposible enfrentarnos a su aparición aquí con las expectativas bajas. La cuestión es que luego la historia no da tanto de sí y, por su propia condición de sueño tiene un final un tanto decepcionante. Es muy divertida, no me entiendan mal, pero quizá esperaba más.

En general, todo el especial resulta un tanto irregular. Dividir un bloque de sesenta minutos en cuatro partes sea quizá el principal error que han cometido aquí los responsables de la serie, porque es evidente que algunas historias se habrían beneficiado mucho de unos cuantos minutos más. Desde luego no es lo mejor de Psychoville, pero aún así está notablemente por encima del promedio de la televisión. Y además, los últimos minutos de la historia-marco cumplen perfectamente con el propósito de reabrirnos el apetito y recordarnos por qué esperamos ansiosamente su retorno en primavera de 2011.

Les doy una pista: dos han muerto, y otros dos están muy graves.