[Recap] 5×05 Friday Night Lights: Kingdom

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Los Lions han vuelto tras su pequeño descanso y lo hacen demostrándonos por qué van a convertirse en los campeones estatales: porque son un equipo. Este episodio ha tenido como tema principal el compañerismo, elemento básico para la construcción del equipo perfecto y la mejor manera de demostrarlo es volviendo al lugar en que el equipo resurgió de sus cenizas. El año pasado los Rangers de South King High School les dieron una paliza así que los Lions vuelven con ganas de venganza.

Antes del viaje los ánimos están exaltados, y por mucho que el entrenador Taylor intente calmar a sus jugadores, es inevitable que todos tengan en mente vengarse de los Rangers (y Billy Riggins en lugar de he apagar el fuego le hecha gasolina). Taylor insiste en que deben mantener la cabeza clara y jugar sin renunciar a su estilo, es decir, Taylorball pero los Rangers se lo ponen realmente difícil planteando un partido muy agresivo.

Reconozco que me cuesta reconocer cuando un equipo de fútbol americano es agresivo porque no estoy acostumbrada a este tipo de deportes de contacto pero lo cierto es que hasta yo me di cuenta de que los Rangers estaban jugando muy sucio. Así pues, al entrenador Taylor no le quedó otra más que bajarse al nivel de su contrincante, lo que implicaba tener que renunciar a su filosofía de juego para poder ganar. Adaptarse o morir.

Y después de una victoria tan trabajada, llegó el momento de celebrarlo con litros de alcohol. ¿Existe algún catalizador mejor del compañerismo que el alcohol? Ruckle lleva al grupo a una extraña fiesta en la que acaban todos tan borrachos como para decidir marcar sus brazos cuán ganado con la L de los Lions con un alambre candente. Sinceramente pensé que Luke sería el único que lo haría, sobre todo después de ver sus caras al escuchar los gritos de Luke, pero no, todos fueron tan idiotas como para demostrar su orgullo leonil de esta manera tan salvaje.

Por otro lado, el equipo técnico lo estaba celebrando a su manera, jugando a póker en el hotel y, como no, bebiendo whisky. Todos parecen divertirse mucho menos el entrenador Taylor al que le pesa haber tenido que renunciar a su filosofía, si es que este hombre nunca está contento. Lo mejor ha sido verle borracho llamando a su mujer también borracha, todo un momentazo.

El que sí que se lo pasa bien es Buddy porque ha visto jugar a su hijo, a pesar de que le han dado una paliza. Lo que éste no sabe es que su hijo ha superado la fase novatada y ya es uno más del equipo fuera del campo, si es que al final harán de él un hombre de provecho.

Vince, por su parte, anda preocupado con su futuro y con la oferta que recibió de TMU. Han quedado en que será el entrenador Taylor el que se encargue de ello hasta que llegue el momento pero me temo que el tema no pinta demasiado bien. ¿No creéis que su padre la va a liar? No me extrañaría que desde TMU intenten sobornar a su padre para que consiga que su hijo se decida por TMU y como salga a la luz puede dar al traste con el prometedor futuro de Vince. Espero equivocarme.

Y para acabar, y como me suele pasar, dejo el tema de Julie que ha acabado por estallarle en la cara (como todos intuíamos). El encantador Derek sólo parece haber engañado a la cándida Julie que se autoconvenció de que no era nada malo acostarse con su profesor que a la postre está casado. Como le grita Allison, la mujer de Derek, is a fucking cliché que a mí no me ha acabado de convencer. ¿Y a vosotros?

Lo único bueno de todo es volver a ver a Tami contenta al verla volver a casa (aunque sea temporalmente) porque no lleva nada bien esto del síndrome del nido vacío. Y ahora la pregunta es ¿Julie le explicará por qué ha vuelto? Si es así se va a liar porque ya sabemos cómo son los Taylor para estas cosas. Lo que menos necesita el entrenador ahora mismo es otro dolor de cabeza más porque tiene claro el objetivo pero todavía les falta para llegar aunque como el mismo dice: We’re getting there, slowly but surely we’re getting there.