Especial Aaron Sorkin: The West Wing

Después de que la semana pasada mi compañera Rebeca realizase un repaso a la magnifica comedia Sports Night, esta semana continuamos con nuestro especial dedicado al guionista Aaron Sorkin y hablamos de The West Wing, probablemente su serie más completa hasta la fecha y en la que perfeccionó su estilo tan característico. Se emitió entre 1999 y 2006, y durante sus siete temporadas mostró los entresijos de la Casa Blanca a la vez que, casi sin querer, nos regaló un curso completo sobre el funcionamiento de la política norteamericana.

Y digo sin querer porque Sorkin no buscaba educar al espectador sino más bien mostrar y promover su idealismo democrático, o lo que es lo mismo, su idea de cómo debería funcionar su país (y por extensión, el mundo) a partir de situaciones extraídas de la realidad. Así pues, si bien los Estados Unidos de verdad se mantuvieron al margen durante el genocidio de Ruanda, la administración Barlett decidió intervenir en el genocidio del ficticio país de Kuhndu mostrando así otra manera de enfrentarse a los conflictos.

El adalid de ésta manera diferente de hacer política es el presidente Josiah Barlet (un magnífico Martin Sheen), que vendría a ser una mezcla de Clinton y Kennedy, pero sin líos de faldas de por medio. Barlet es un personaje brillante, poseedor de una erudición aparentemente sin límites y comprometido con su cargo, y aunque le cueste recordar los nombres de los que le rodean (algo que fue incluido tras observar al propio Sheen), no olvida preguntar por la salud del hijo enfermo del cocinero. Sobre sus hombros recae la responsabilidad de tomar las decisiones pero quien se encarga de conseguir que se ejecuten es Leo McGarry (John Spencer), su mano derecha y el principal artífice de su carrera presidencial.

Leo, como se puede ver en In the Shadow of Two Gunmen, el magnifico episodio doble con el que se inicia la segunda temporada, es el encargado de rodear al futuro presidente de un equipo formado por los mejores profesionales del país, y acabará ejerciendo de una especie de padre estricto de una familia muy numerosa. Gracias al apoyo del agudo Josh Lyman (Bradley Whitford), el siempre malhumorado Toby Ziegler (Richard Schiff), el idealista Sam Seaborn (Rob Lowe) o la ingeniosa C.J. Cregg (Allison Janney) (sin duda mi preferida), Barlet pudo afrontar momentos tan difíciles como el secuestro de su hija, la salida a la luz de su enfermedad o la acusación de haber cometido terrorismo de estado.

Pero si por algo destaca la serie es por sus emocionantes discursos y por su talk & walk, es decir, los rápidos diálogos (y a menudo inteligibles para el espectador medio) espetados por sus personajes mientras andan de un lado a otro por los pasillos de la Casa Blanca. Y es que su ritmo endiablado hace casi imposible aburrirse con un episodio de The West Wing a pesar de tratar temas, a priori, tan pesados como la aprobación del presupuesto federal o la reforma sanitaria.

La clave estaba en el peculiar sistema de trabajo empleado por Aaron Sorkin que consistía básicamente en contratar a guionistas para que le diesen ideas y escribir todos los episodios él mismo. Pero esto alargaba demasiado el proceso de escritura y la NBC decidió forzar a Sorkin a dejar que el resto de guionistas escribiesen y así rebajar los elevados costes de producción. Por desgracia, éste se negó y se marchó al final de la cuarta temporada, una de las más intensas de toda la serie.

A partir de ahí fue John Wells el encargado de coordinar la serie hasta su cancelación. Precisamente en esa época fue cuando el guionista Eli Attie se fijó en un joven Barak Obama para crear el personaje de Matt Santos (Jimmy Smits), que por caprichos del destino, se convirtió en presidente. En principio estaba previsto que ganase el candidato republicano Arnold Vinick Alan Alda por eso de equilibrar la balanza y conseguir aplacar las críticas que acusaban la serie de demasiado demócrata pero, desgraciadamente, John Spencer falleció durante el rodaje y los guionistas decidieron cambiar el final de la serie. Por cierto, no puedo dejar de mencionar el episodio del debate en directo entre Santos y Vinick. Tal vez no sea el mejor episodio técnicamente hablando pero sí que transmite una sensación especial, por no hablar de que los actores está espectaculares.

A los que no os habéis atrevido a verla os digo que le perdáis el miedo al tema y a la cantidad de episodios porque es una serie que vale muchísimo la pena. Acabaréis amando a sus personajes y se os caerá la baba con sus diálogos sin importar que en ocasiones peque de pedante y elitista. En mi caso, y aunque han pasado varios años desde su cancelación, cuando veo las noticias sigo asociando a los políticos norteamericanos de la Casa Blanca con los personajes de The West Wing y os aseguro que es muy práctico. Lo malo es que después de introducirte en su mundo ideal la realidad política de tu país te parecerá mucho más gris (si cabe).