[Recap] 3×17 Fringe: Stowaway

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El final de Os, el episodio de la semana pasada, nos dejó uno de esos momentos WTF que tantos gustan a unos y tanto odian otros. El reto de esta semana consistía en conseguir que ese momento se convirtiese en algo ridículo. Y no sé qué opináis vosotros pero para mí el reto ha sido superado con creces, y todo gracias a la imitación de Anna Torv. Su interpretación recopila los gestos más conocidos de Nimoy (la ceja levantada, el ceño fruncido, la voz ronca y su risa sincopada), y por momentos logra que nos olvidemos de lo surrealista de la situación.

Después de ver como Bell poseía el cuerpo de Olivia, me asaltaron varias preguntas, pero la principal era si el efecto sería temporal o si había que hacer algo para extraer a Belly de ella. Y ya tenemos la respuesta, hay que sacarlo de su cuerpo y buscar otro huésped lo antes posible, y más después de ver como la conciencia de Olivia se despertó por unos segundos. Reconozco que eso me tranquiliza ya que, a pesar de que considero que Torv hace un trabajo fantástico, no hace falta abusar. Como dice Peter, «Weeks? Not a chance». Sólo espero que dejen en paz a la pobre Gene que, por cierto, nunca tuvo tanto protagonismo como en este episodio y ya era hora de que tuviese su momento de gloria. Eso sí, la imagen sugerida de Walter ordeñando a Genebell me perturba sólo de imaginármela.

Pero mientras Walter y Bellivia recordaban viejos tiempos, y la pobre Astrid se quitaba de en medio, Peter y el agente Lincoln Lee de nuestro lado -- aunque bien podría ser Clark Kent con una montura de gafas demasiado pequeña para su cara -- se encargaban de investigar el extraño caso de Dana Gray, una mujer aparentemente inmortal, y a la que se la relaciona con varios suicidios. Después supimos que, por lo visto, sobrevivir a dos rayos provocó que su estructura molecular fuese irrompible, pero una bomba consiguió restablecer la carga electromagnética de su cuerpo. O al menos esa es la justificación científica, que es con la que yo me quedo.

El problema es que Bellivia vuelve a plantear el tema del destino y la sincronicidad como respuesta a todo lo que sucede a su alrededor. En el caso de Gray, su destino era el de salvar la vida de las personas que iban en el tren, así que hasta que no lo hizo no le permitieron morir. No es el primer episodio en el que nos sugieren que el destino está marcado y que nada sucede porque sí, pero me espina el (por ahora sugerido) giro religioso que está tomando la trama mitológica, y que me recuerda tanto al desenlace de Lost.

Sin lugar al libre albedrío, todo parece indicar que, sea cual sea la decisión de Peter, el destino de los dos universos ya está escrito, e intentar cambiarlo no es más que un esfuerzo absurdo. Entonces, que September actuase en un momento dado también debía estar previsto, ¿o es que los observers están fuera del área de influenza del destino?

De todas maneras, y a pesar de las dudas que el episodio me haya podido despertar, yo sigo confiando en Fringe, y en su capacidad para sorprendernos. Además, más allá de nuestros gustos personales, lo importante es que el desenlace de la historia esté bien explicado y sea coherente y, por ahora, no hay nada que me haga sospechar lo contrario.