[Primera Impresión] The Borgias

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Showtime sabe que el drama histórico funciona. Lo sabe porque, durante años, The Tudors le dio muchas alegrías. Cuando la historia de Enrigue VIII y su corte se acercaba a su fin, se inició el proceso creativo que derivaría en The Borgias, un drama histórico sobre una de las familias más famosas de la historia. Los primeros dos episodios, una presentación de noventa minutos, ya han sido emitidos. Pasen y vean, señoras y señores, una historia de poder, de avaricia, de religión, de lujuria. Una historia que ha trascendido las barreras del tiempo.

Roma. 1492. Inocencio VII fallece. Ha llegado el momento de elegir un nuevo Papa. La guerra se desata entre los cardenales, las facciones apoyan a sus favoritos. Entre todos ellos y ansioso por hacerse con el trono de San Pedro destaca Rodrigo Borgia, (Jeremy Irons) el español al que todos detestan.

Rodrigo es un hombre ambicioso, rico, inteligente. Rodrigo tiene familia, una amante Vanossa (Joanne Whaley), con la que ha tenido cuatro hijos: César (François Arnaud), es clérigo -- como lo fue su padre -- pero desea ser laico y poder guiar al ejército del Vaticano; su mayor prioridad es proteger a la familia. Juan (David Oakes), el guerrero, el impuslvio y alocado. Lucrezia (Holliday Grainger), la hija de catorce años, angelical y hermosa. Gioffre (Aidan Alexander), el más joven. Se deja entrever que entre César y Lucrezia hay un intenso y, tal vez, malsano amor.

César, guiado por su padre, soborna y mueve los hilos; su padre no puede hacerlo desde el interior del palacio de votaciones para que, así, los cardenales se decanten por el español. Y así es. Las artimañas, los sobornos, la coacción, consiguen elevar a Rodrigo Borgia hasta lo más alto. Será Papa y pasará a la posteridad con el nombre de Alejandro VI.

Hubo un detalle que me gustó mucho y fue poder ver la famosa silla papal que sirve para, dicho directamente, tocarle los huevos al recién elegido Papa y asegurarse de que es un hombre. La cara de Irons en ese momento, entre resignado y burlón, es todo un ejemplo de saber estar. El británico está soberbio en su papel. Cuando es coronado Papa, su mirada lo dice todo; transmite la importancia del momento, la consecución de un sueño, la responsabilidad, la gloria de Dios.

Alejandro VI controla a sus hijos con mano de hierro y guiará su destino, ya que son peones en su juego de poder. Su intención es nombrar a César cardenal, por mucho que el joven suplica dejar el sacerdocio. Juan se hará con el mando del ejército y Lucrezia servirá para sellar alianzas mediantes matrimonios concertados.

A los cardenales no les gusta tener como Papa al español. Orsini (Derek Hacobi) está particularmente ofendido por ello. Así que, con la intención de librarse de los Borgia, invita a Alejandro VI a cenar a su casa. César acompaña a su padre y descubre el complot a través del asesino que habían contratado. Micheletto, que así se llama el sicario, se alía con Cesar, y siguiendo sus órdenes envenena a Orsini. El cardenal muere en la cena delante de todos. Es el primero de los muchos peligros a los que se tendrá que enfrentar la familia. El personaje de Micheletto promete mucho. Un asesino silencioso, puede que leal a los Borgia, sin escrúpulos y con una mirada cruel que impone mucho más que respeto.

César destaca por ser el protector de la familia. Hará cualquier cosa por ellos, sobre todo por Lucrezia. Es inteligente, osado, paciente, y cuenta con la ayuda de Micheletto para asesinar y espiar. Con ese as en la manga, se deshace del cardenal Della Rovere (Colm Feore), el cual intentaba, siguiendo la ley eclasiástica, destituir al Papa.

En otro orden de cosas vemos como Alejandro VI aparta a Vanossa de su lecho pues, moralmente, cree que no debe fornicar ahora que es el representante de Dios en la Tierra. Pero la aparición en escena de Giulia Farnese (Lotte Verbeek), una hermosa mujer, es demasiada tentación para él y termina en su cama. Inevitablemente Vanossa se entera y la relación entre ambos se deteriora.

Otra cosa que le preocupa al nuevo Papa, es asegurar su puesto, así que para reforzar su posición decide nombrar trece nuevos cardenales, entre ellos su hijo César. Cardenales que le serán leales.

Un inicio algo largo pero muy logrado que consigue mantener la tensión gracias a un montaje hábil y poco pesado. La trama será compleja, llena de alianzas, traiciones, venganzas. Yo le doy un voto de confianza a The Borgias. Y como bien dice Micheletto al final «La confianza es algo que se gana».