[Recap] 1×01 The Killing: Pilot

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Os hemos hablado varias veces de The Killing, la nueva apuesta de AMC tras el apabullante éxito de The Walking Dead. De nuevo, la cadena de cable ha decidido alejarse del tipo de series que tan bien le han funcionado como Mad Men, Breaking Bad o la propia The Walking Dead y ha probado suerte con el complicado género policial. Pero a pesar de tratarse de series muy diferentes, todas tienen en común el cuidado por la estética y el sonido y, sobre todo, una manera de narrar pausada y sin concesiones al espectador.

Y, como no, The Killing no es una excepción y desde el principio nos damos cuenta de que no es una serie de policías al uso. Para empezar, la secuencia en que los compañeros de Sarah Linden le preparan una broma a modo de despedida me parece toda una declaración de intenciones. Cuando Linden entra en el almacén, nosotros como espectadores nos preparamos para lo peor porque llevamos muchas series policiales a nuestras espaldas y reconocemos los tics del género pero, en el último momento, nos sorprenden porque no todo es lo que parece y no podemos confiar en nadie.

Por otro lado, el hecho de que cada episodio corresponda a un día de investigación y que la historia no se centre únicamente en el trabajo policial despierta empatía en el espectador que siente que, en cierto modo, forma parte de la historia porque dispone de (casi) todos los puntos de vista y, por momentos, sabe más que los propios personajes.

Y hablando de personajes, otra de las claves de la serie y que también es marca de la casa AMC es el cuidado en la caracterización de sus protagonistas con pocas líneas de diálogo y a partir de pocos elementos pero bien seleccionados (Stephen con su tatuaje en la nuca y su peculiar saludo a una yonki, la relación cómplice entre Stan y Mitch Larsen, la secreta visita al cementerio de Richmond).

Capítulo aparte se merece Sarah Linden (una fantástica Mireille-Enos), la perspicaz agente de policía que se encarga de la desaparición de la joven Rosie Larsen en su último día de trabajo. Aunque parece decidida a cambiar la lluviosa y depresiva Seattle por la soleada Sonoma por el bien de su familia pronto nos damos cuenta de que, en el fondo, eso no es lo que quiere. Intuimos que ha visto cosas realmente horrorosas en su trabajo, y es comprensible que quiera huir de todo eso, pero no puede evitar buscar pistas por todos lados (algo así como el Will Travers de Rubicon que no podía evitar encontrar conexiones en hechos aparentemente aislados a pesar de que le podían constar la vida). ¿Acaso no era mucho más fácil dejar que Stephen se encargase de la investigación? Pero no, ya sea gracias a su intuición o a sus años de experiencia Sarah sabía que el caso era algo más que una chiquillada de una adolescente.

Por último, cabe destacar la secuencia final en la que rescatan el coche del agua y descubren en el maletero el cuerpo de Rosie, que no por esperada es menos emocionante. Personalmente, se me encogió el corazón al ver la tristeza (y decepción) en la mirada de Sarah cuando comprueba que no se equivoca, al padre desesperado que se resiste a creer que su hija ha muerto y a la madre escuchando su gritos desgarradores a través del teléfono. Y esto no ha hecho más que empezar.

El primer episodio sirve para presentar a los personajes e introducirnos en el caso pero, sobre todo, sirve para que empecemos a hacernos muchas preguntas. ¿Por qué la madre de Rosie parece acostumbrada a tratar con la policía? ¿Sterling sabe más de lo que aparenta? ¿Tienen algo que ver con el caso los viajes secretos de Richmond? Y por extensión, ¿existe algún tipo de relación directa entre Richmond y Rosie? Muchas preguntas y pocas respuestas pero más vale que nos armemos de paciencia porque esto es AMC y aquí todo va mucho más lento.