[Recap] 1×04 The Killing: A Soundless Echo

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Cuarto día en Seattle y la investigación de la muerte de Rosie Larsen no hace más que complicarse. Como ya intuíamos, lo que parecía tan claro en el El Diablo se ha acabado desmontando hasta quedar en nada (al menos por ahora, que con esta serie nunca se sabe). Además, será mejor que nos acostumbremos a esto de acabar los episodios con pistas que, seguramente, nos dirigen hacia caminos sin salida y el problema será reconocer cuándo se trata de una pista válida.

El vídeo que de manera fortuita encontró el profesor Bennet Ahmed, evidentemente, no era lo que parecía y tengo que decir que me sorprende que Linden con su mirada escrutadora no fuese capaz de darse cuenta de que la chica del disfraz no era Rosie. Resulta que no es más que un juego perverso entre adolescentes y Sterling sólo quería sentirse el centro de atención por una vez. Eso sí, la excusa de que una de las profusas hemorragias nasales fue la que convirtió la jaula en un escenario más propio de la matanza del cerdo que de un picadero sexual me parece algo cogida por los pelos.

El trío compuesto por Jasper, Kris y Sterling, en condiciones normales, estarían eliminados de la lista de sospechosos, pero no hay que olvidar que todo esto deja al descubierto los celos que sentía Sterling por Rosie y apuesto a que la historia no se quedará ahí. Además, ahora parece que a la chica, al verse acorralada, le han entrado ganas de hablar y le cuenta a Linden y Holder que Rosie últimamente se comportaba de manera extraña. Muy oportuno ¿no os parece? ¿Qué ganaba ella no explicándolo? Porque queda claro que al explicarlo consigue desviar la atención hacia otro lado, en concreto hacia Bennet así que me parece algo, cuanto menos, sospechoso.

Por cierto, ¿no hubiese sido más efectivo que Holder se hubiese informado antes de subir al autobús de quiénes son los conductores habituales de la línea e interrogarles? Vale, el giro así es mucho más efectivo pero eso no quita que como método de investigación sea un tanto pedestre. ¡Y encima se queja de que tiene que ir a remolque de Linden!

Por otro lado, los Larsen deben empezar con los preparativos del funeral de Rosie pero hay complicaciones. Stan no quiere que Mitch se entere de que no tienen dinero para pagarlo porque había comprado una casa para dar una sorpresa a la familia así que acude a alguien de su pasado, que cada vez parece más turbio. Durante diecisiete años ha rehuido a esa persona que le recibe diciéndole en polaco algo así como hola, mi perdido amigo, pero ahora le va a deber dinero. Entiendo que Stan debe estar muy desesperado pero intuyo que acabará pagando caro el favor.

Otro que tal vez acabe pagando caro sus favores es Richmond, que necesita desesperadamente conseguir fondos para contrarrestar la mala publicidad causada por la implicación de su campaña en el asesinato de Rosie pero para ello no tiene más remedio que acudir a Tom Drexler, conocido como el rey de Seattle. Richmond no está dispuesto a venderse pero aceptando el cheque de Drexler sabe que, tarde o temprano, tendrá que devolverle el favor.

Pero eso no es todo ya que ahora sabemos que Richmond sabe que Jamie no era el topo y que le está utilizando para conseguir información sobre la auténtica filtración. Con tantos giros esta trama cada vez más parece sacada de Damages, ¿no creéis? Además, ahora sabemos que el padre de Gwen es un senador poderoso que desconfía de las capacidades de su hija para dedicarse a la política. Lo cierto es que, con un padre así, no me extrañaría que Gwen fuese el topo, ni que sea para demostrarle de lo que es capaz de hacer. Por cierto,Alan Dale se está especializando en interpretar a padres estrictos y poderosos pero lo cierto es que se le da fenomenal.

Y con esto acabo con el repaso al episodio, que ha bajado algo de intensidad respecto a los tres primeros pero no por ello ha sido menos revelador. Ahora las pistas (la carta con la cita de las memorias de Beryl Markham y la fotografía en el centro) apuntan hacia Bennet pero apostaría lo que fuese a que nos espera un giro inesperado y es que no hay que olvidar que el centro es una de las iniciativas de Richmond. ¿Será que empezamos a cerrar el círculo?