[Primera Impresión] Happily Divorced

Como dice el dicho: «la tercera es la vencida». En caso de TVLand, apenas va calentando motores. La cadena dedicada a recordar los clásicos de la televisión, presenta su tercera producción original, en un ejercicio similar a las anteriores. La pionera fue Betty White, acompañada por un grupo de mujeres que se sienten Hot in Cleveland. Valiéndose del fenómeno mediático White, la serie logró deliciosas referencias retro, sin llegar a ser más de lo mismo. Recibimos a las chicas de plata, con una golden girl de préstamo.

Con el éxito de su primera serie, TVLand estrenó Retired at 35, formando una pequeña barra de producciones originales. Aunque no obtuvo el mismo éxito que las chicas de Cleveland, TVLand ordenó una segunda temporada de dicha serie. Al mismo tiempo se dio a conocer otro proyecto, el cual sería protagonizado por una actriz que muchos de nosotros recordamos y extrañamos: Fran Drescher, nuestra Nana Fine, regresaría a la televisión acompañada por Peter Marc Jacobson. Por si no les suena este último nombre, ambos son creadores y productores de The Nanny. Ambos estuvieron casados por muchos años; ahora viven felizmente divorciados y, así, comparte su historia.

Partiendo de su propia experiencia, Fran Drescher presenta Happily Divorced, una comedia que recalca ese toque retro tan característico de TVLand, con situaciones que ahora se tratan de manera más abierta. La sitcom gira entorno a Fran, una florista californiana, quien un buen día recibe una noticia de su marido «Fran, creo que soy gay». Peter (John Michael Higgins), agente de vienes raíces, lo dice muy en serio. De repente todo comienza a tener sentido: el excesivo cuidado personal, su gusto al vestir, las sugerencias en decoración para la casa. Las señales estaban ahí, sólo que Fran nunca se puso a unir los puntos. Contra el consejo de su madre (Rita Moreno) -- «No desperdicies un buen matrimonio por nada» --, Fran y Peter se divorcian. Ella regresa al mundo de las citas, como una mujer de cuarenta y muchos. Él como un hombre recién salido del clóset.

Por problemas económicos, Peter no puede vender la casa -- resulta que deben más de lo que vale en el mercado --, así que deciden vivir bajo el mismo techo. ¿Qué podría salir mal en el acuerdo? Mucho. Fran conoce a Elliot, un atractivo productor discográfico, divorciado y apropiado para ella. Ahora Fran tendrá que encontrar el equilibrio entre salir con Elliot y vivir con su ex-esposo, quien se siente un poco celoso... No por verla con otro hombre, sino porque él no ha corrido con la misma suerte. En cambio, Peter consigue salir a bares gay, regresa con números telefónicos falsos; César (Valente Rodríguez), empleado de Fran, comparte el contacto de su primo, pero no lo acepta como amigo en Facebook. El proceso, sin duda, es más difícil para él.

Los personajes se encuentran al borde del cliché -- está bien: algunos realmente lo son --. En el caso de Fran, la actriz tiene un papel cómodo, pues se interpreta a ella misma. No pierde los toques característicos que la hicieran famosa con la nana Fine: la mirada de sus ojos, directo a la cámara, y su voz nasal -- tal vez con distinto sonido, porque los años no pasan en valde --. Fran sigue siendo la misma Fran, no hay vuelta de hoja. Peter, interpretado por John Michael Higgins, entra en un estereotipo trillado del homosexual, algo bastante visto en televisión. El problema es que apenas resulta chistoso; es un personaje que requiere trabajo. César es otro personaje que se presta al estereotipo del latino trabajando en Los Ángeles; igual, que si faltara sería algo realmente extraño. Dori y Glenn, los padres de Fran, merecen más espacio y mejores intervenciones. Por último, Judi, la amiga de Fran, la vemos realmente poco en el piloto.

El episodio piloto, aunque tiene algunas puntadas que matan de la risa, queda flojo en cuanto a ritmo -- un problema que también presentó el piloto de Retired at 35 --. Tendremos que esperar a ver su evolución en los siguientes episodios. Es una comedia ligera, entretenida, sí, con sus clichés, pero que no estorban demasiado (no hasta el momento). Lo único que pesa (bastante) son los años en Fran Drescher; definitivamente no es la misma chispa, ni siquiera el rastro de lo que vimos con The Nanny. Aún así se agradece su regreso a la televisión.

No se trata de la sitcom a seguir religiosamente, pues tiene muchos detalles que resolver. Pero... ¡es verano! y un poco de comedia no se desprecia.