[Recap] 2×01 The Big C: Losing Patients

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A pesar de las temperaturas que indican nuestros termómetros, llegó el otoño a The Big C. El final de la pasada temporada nos dejó a una Cathy que dejaba de lado la fase de negación y se ponía manos a la obra dispuesta a no dejarse vencer por su melanoma en fase IV. Así que la primera duda que se nos planteaba de cara a la segunda temporada era si el tratamiento con IL-2 daría sus frutos, y bueno, parece que la cosa no ha ido demasiado bien.Y en el fondo, no es ninguna sorpresa.

Toda la primera temporada se podría considerar como la primera fase de del duelo de Cathy que corresponde a la negación, y después de ver el primer episodio de esta temporada, ya podemos decir que ha pasado oficialmente a la siguiente fase, a la ira. Y esto ha sido posible gracias a múltiples factores pero principalmente porque parece que el mundo se ha puesto de acuerdo para llevarle la contraria, así que es natural que Cathy saque las uñas para arañar.

Recordemos que su cáncer se encuentra en una fase tan avanzada que las posibilidades de que el tratamiento funcionase eran desde el principio bastante reducidas. Pero, evidentemente, eso no quita que Cathy se moleste ante la sola insinuación por parte de Todd de que debería abandonar el tratamiento porque le está provocando más daños que beneficios. Debe ser muy difícil reconocer que no hay salida cuando justo había empezado a luchar.

Es por eso que, contagiada por su marido Paul, decide aferrarse a la opinión del doctor Atticus Sherman, que podría ser su última esperanza. Y el hecho de que sea tan complicado conseguir una cita con el doctor no hace más que aumentar su confianza en que podría obrarse el milagro. ¡Si que hasta se le quita el dolor de cabeza después de saber que ha conseguido su tan ansiada cita! ¿Será por las endorfinas? Tal vez, pero queda claro que las buenas noticias son mejores que la marihuana.

Pero no todo son buenas noticias ya que parece que Cathy va a perder el apoyo de Todd, que más que su médico, fue su confidente a lo largo de toda la primera temporada. Bien es cierto que ahora puede hablar abiertamente con Paul pero, de todas maneras, siempre habrá temas que no podrá tratar con su marido. El beso durante su escapada a Canadá para visitar al curandero de las abejas enrareció su relación irremediablemente, y aunque Cathy no pareció darle importancia, es evidente que se iba a convertir en un inconveniente que ha acabado explotando en la cara de Todd (concretamente en su labio). Ahora habrá que ver si busca ese apoyo en otra persona (que si hacemos caso de las promos parece bastante probable).

Otro factor que ha provocado la ira en Cathy es la manera en que su hermano Sean se toma la noticia de su cáncer. Vale que tendría que habérselo dicho antes y que desaprovechó una oportunidad de oro cuando fueron a visitar a su padre pero es bastante injusto que anteponga sus sentimientos a la salud de su hermana. ¿No puede intentar ponerse en su lugar ni por un momento? Bueno, claro, se me olvidaba de que hablábamos de Sean, que además de ser probablemente la persona más egoísta del mundo (a pesar de su fachada de comprometido con las causas perdidas) está como un cencerro. Aunque no es la única que parece preocuparse más de su sentimientos que de Cathy ya que la actitud de Rebecca al enterarse de la noticia es para matarla. Son tal para cual.

Y esto me lleva a la manera en que Adam está intentando sobrellevar la enfermedad de su madre. Sus padres están preocupados por su actitud casi desde que se lo dijeron. Ya intentaron que se diese cuenta de lo grave de la situación poniéndole una película lacrimógena pero esto no pasó hasta que vio todos los regalos para sus futuros cumpleaños. Y es que como pasa con los tratamientos, lo que funciona para unos no tiene por qué funcionar para otros. Y teniendo en cuenta el carácter de Adam, tendrían que haberse dado cuenta de que no sacarían nada llevándolo al psicólogo a jugar al ajedrez y hablar de sus sentimientos ya que él tiene su propia manera de expresarse, aunque sea una manera bastante apestosa. Y lo mejor que puede hacer Cathy es comunicarse en su propio lenguaje, que además es un método mucho más barato que la factura del psicólogo.

Por último, tenemos la agradable sorpresa del fantasma de Marlene/conciencia de Carhy, que parece que tendrá un papel importante a lo largo de la temporada. Si Marlene en vida le hizo ver a Cathy lo egoísta que era con su enfermedad y le recriminó todo lo recriminable durante el largo verano que compartieron, tras su muerte intentará que ésta luche al máximo por su vida y no se de por vencida porque un médico no le coja el teléfono. Eso no quiere decir que si no se hubiese presentado en la consulta no la hubiesen llamado (sólo se habría ahorrado el momento bochornoso) pero ha aprendido que tiene que ser más activa y que de nada sirve quedarse sentada esperando a que las cosas pasen. Marlene tiene la llave de la puerta de escape, sólo falta que sepamos si esa puerta lleva a la vida o a la muerte.